A dos años del ataque, los argentinos secuestrados por Hamás siguen siendo símbolo de dolor, memoria y esperanza compartida.

A dos años del ataque del grupo Hamás en el sur de Israel, la fecha revive el dolor y el reclamo de las familias que aún esperan el regreso de sus seres queridos. Aquel 7 de octubre, más de 1.500 personas murieron y 5.500 resultaron heridas. Entre las víctimas hubo 21 argentinos: trece lograron volver, cinco fueron asesinados y tres siguen cautivos.
En distintas ciudades del mundo, la comunidad judía organizó actos para exigir la liberación de los rehenes que permanecen en la Franja de Gaza. En Buenos Aires, cientos de personas encendieron velas, mostraron fotografías y repitieron los nombres de los secuestrados. La jornada estuvo marcada por el recuerdo de familias como los Bibas, los Horn y los Cunio, cuyos testimonios se convirtieron en símbolos de resistencia.
Entre los casos más conmovedores está el de Shiri Silberman y sus hijos Ariel y Kfir, cuya imagen con los niños pelirrojos en brazos dio la vuelta al mundo. También el de Itzkin Horn, que recuperó a su hijo Iair tras quince meses, pero aún espera a Eitan. Del mismo modo, David Cunio sigue secuestrado mientras su esposa e hijas lograron ser liberadas.
Las historias de supervivientes argentinos, como Karina Engelbert u Ofelia Feler, revelan el horror vivido durante el cautiverio y el impacto psicológico que aún los atraviesa. Asimismo, el asesinato de Lior Rudaeff, voluntario y padre de cuatro hijos, profundizó el duelo de una comunidad que se niega a olvidar.
En medio de negociaciones internacionales y gestos diplomáticos, los familiares mantienen la esperanza. Para ellos, cada nombre representa una vida suspendida en el tiempo y una exigencia de justicia y memoria que continúa sin descanso.




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