La hidrovía vuelve a ganar protagonismo en la agenda económica. Argentina reactiva inversiones privadas en la vía navegable troncal, mientras Brasil acelera su propio plan para mover más carga por el río Paraná.

La hidrovía, otra vez en el centro de la escena
Tras el pase a manos privadas de la operación de la vía navegable troncal, el sector empresario argentino volvió a poner fichas sobre la mesa. La expectativa es que se destraben millonarias inversiones demoradas en dragado, balizamiento y modernización logística.
La hidrovía es la autopista fluvial por donde sale buena parte de las exportaciones agroindustriales del país. Por eso, la definición sobre quién la administra impacta de lleno en costos, tiempos y competitividad frente a otros puertos de la región.
Empresarios ligados al comercio exterior y a los puertos consideran que el nuevo esquema abre una ventana para actualizar infraestructura y sumar tecnología, algo que venía quedando atrás respecto de otros corredores fluviales sudamericanos.
Brasil acelera su propia estrategia sobre el Paraná
Mientras Argentina vuelve a la pista, Brasil pisa el acelerador. El país vecino anunció fuertes inversiones para construir flotas propias destinadas a bajar más mineral de hierro por el río Paraná.
Esa movida refuerza su presencia en la hidrovía y suma presión competitiva. Con barcos y barcazas de bandera brasileña, el objetivo es ganar eficiencia en el transporte de cargas y asegurar un flujo constante hacia sus terminales industriales y portuarias.
En este escenario, la disputa por la hidrovía Paraná-Paraguay se define en clave de inversiones y planificación a largo plazo. Para Argentina, el desafío es no volver a quedar rezagada frente a un socio que ya decidió acelerar a fondo.





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