El consumo en supermercados y autoservicios volvió a mostrar números en rojo en marzo, con ventas que se mantienen muy por debajo de las del año pasado y un ticket cada vez más flaco en la góndola.

La facturación en supermercados y autoservicios registró en marzo una nueva caída de ventas en términos reales. Los números confirman que la recuperación del consumo masivo sigue sin aparecer y que los hogares ajustan cada vez más su changuito.
Detrás de la aparente suba nominal en la caja, el efecto de la inflación borra cualquier indicio de mejora. Al comparar con 2023, el derrumbe del poder de compra se traduce en menos unidades por compra y en la búsqueda de precios más bajos, segundas marcas y promos.
Qué rubros sienten más la caída
Según los registros del sector, los rubros básicos muestran el recorte más fuerte. En alimentos de consumo diario, como fideos, arroz, aceites y lácteos, la gente pasa más tiempo comparando y se lleva menos productos que antes.
También retroceden con fuerza los artículos de limpieza y perfumería, donde se nota el salto hacia presentaciones más chicas o directamente la eliminación de algunos productos del carrito mensual.
En bebidas, especialmente las alcohólicas y las gaseosas, la baja se profundiza: se prioriza el agua, los jugos en polvo o las ofertas puntuales, mientras las marcas líderes pierden terreno.
Con un ingreso que no alcanza, el panorama de consumo en supermercados sigue en modo ajuste. Comercios y consumidores se mueven entre remarcaciones, descuentos y segundas marcas, a la espera de un alivio que todavía no se ve en los pasillos.





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