“Camaleones en Rosario” es una interesante propuesta hecha viral por Felipe, un chico rosarino que esconde muñecos de porcelana en toda la ciudad. De qué se trata.

Este martes en Rosario La Ciudad hablamos con Felipe, un artista que crea diminutos muñequitos de porcelana, los pinta con muchísimo detalle para camuflarlos y luego los esconde en distintos rincones de la ciudad.
La consigna de “Camaleones en Rosario” es simple: si encontrás uno, sacale una foto y subila a Instagram etiquetando la cuenta que figura en el muñeco. De esa manera, Felipe puede saber que su creación encontró un nuevo hogar o que alguien se sumó a esta divertida búsqueda.
Felipe tiene 13 años y se le ocurrió esconder muñequitos de porcelana por distintos puntos de Rosario. Los pinta a mano para que se mimeticen con el lugar y solo pide una cosa a quien los encuentre: que suba una foto a Instagram etiquetando a @camaleonesenrosariook.
La propuesta pegó fuerte. En poco más de una semana la cuenta pasó de menos de 20 seguidores a casi 2300 personas que ahora recorren la ciudad buscando alguna figura camuflada.
La idea de Felipe es simple: armar una búsqueda del tesoro que use las redes para conectar, pero que obligue a salir a la calle. Como si hubiera tomado al pie de la letra eso de “basta de pantallas” y decidiera mezclar lo digital con el espacio público.
El proyecto tiene una referencia directa. Se inspiró en Meccha Chameleon, un juego de PC donde hay que esconderse pintándose del color del escenario. También vio a un youtuber de Buenos Aires que imprimía las figuras en 3D y decidió hacerlas él mismo en porcelana.
En su Instagram va dejando pistas de dónde deja los “trofeos”. Ya aparecieron en el Shopping Alto Rosario, en una heladería de la zona norte y en plazas como López, Alberdi y Ovidio Lagos. La lógica es que los muñequitos queden integrados al mobiliario urbano, por eso los pinta con los colores exactos del sitio.
La dinámica es artesanal. Felipe lleva una bolsita con camaleones y una caja de fibrones. Elige el lugar, le saca una foto para copiar tamaño y tonos, y ahí mismo los pinta.
Lo que empezó como un juego chico terminó mostrando algo más grande: cómo una idea sencilla puede sacar a los chicos de la pantalla y devolverles la ciudad como patio de juego.




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