La Cámara de Diputados aprobó el Súper RIGI, un régimen pensado para atraer megainversiones tecnológicas con beneficios impositivos de largo plazo y fuertes exenciones para grandes proyectos.

El Súper RIGI fija beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios por hasta 30 años para proyectos que superen los US$ 1.000 millones de inversión. El oficialismo defendió la iniciativa como una herramienta clave para atraer capitales a sectores estratégicos.
El régimen apunta especialmente a desarrollos en inteligencia artificial, producción de energía y fabricación de autos eléctricos, con la promesa de impulsar exportaciones, empleo calificado e innovación tecnológica en el país.
Durante el debate, los bloques opositores cuestionaron que el proyecto crea un régimen de excepción para grandes corporaciones, con reglas más flexibles que las que rigen para el resto de la economía y amplias garantías de estabilidad tributaria.
Entre los puntos más discutidos estuvieron la duración de los beneficios, el esquema de importaciones con ventajas aduaneras y el trato preferencial en el acceso al mercado de cambios para las empresas que ingresen al Súper RIGI.
Los defensores del régimen remarcaron que en un contexto de competencia global por inversiones, la Argentina necesita ofrecer reglas claras y previsibles a largo plazo, sobre todo en industrias vinculadas a la transición energética y la economía del conocimiento.
Sus críticos advirtieron, en cambio, que el esquema podría profundizar las desigualdades entre grandes jugadores internacionales y empresas locales, y reclamaron mayores controles parlamentarios sobre la aplicación del Súper RIGI.




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