Un relevamiento privado anticipa que la inflación volvería a niveles mensuales de un dígito en 2026, aunque todavía en valores elevados si se mira la comparación anual, y marca un termómetro clave sobre cómo la población percibe la evolución de los precios.

Imagen: Ámbito
Expectativas de inflación para 2026
De acuerdo con un informe de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), las expectativas de inflación de la población se ubican en torno al 31,5% anual para 2026. El dato surge de una medición que releva, a nivel de individuos, cuánto creen que aumentarán los precios en los próximos meses y años.
El relevamiento se basa en encuestas donde las personas responden cuál es, a su juicio, el incremento general de precios esperado. No se trata de un índice de precios efectivo, sino de un indicador de expectativas, clave para anticipar decisiones de consumo, ahorro e inversión.
Según explican desde la UTDT, la consulta apunta a captar la percepción cotidiana de los hogares frente a la inflación, fenómeno que en la Argentina tiene un impacto directo en el poder adquisitivo, la negociación salarial y la planificación de gastos.
¿Qué se espera para enero: 3,7% mensual?
El mismo informe proyecta que, para enero, la inflación esperada se ubica en torno al 3,7% mensual. De confirmarse, implicaría un nivel alto en términos internacionales, pero sensiblemente menor a los registros de los últimos años en el país.
En la práctica, un 3,7% mensual implica que los precios se encarecen, en promedio, más de un 40% anual si se mantiene ese ritmo. Sin embargo, las expectativas suelen ser volátiles y están influidas por factores como aumentos de tarifas, tipo de cambio, paritarias y decisiones de política económica.
Los analistas remarcan que, en economías con alta inercia inflacionaria, las expectativas de la gente funcionan como una profecía autocumplida: si los comercios y consumidores creen que los precios seguirán subiendo, tienden a ajustar hacia arriba como forma de protección.
¿Por qué importan las expectativas de precios?
Medir las expectativas de inflación es central para entender el clima económico. Un dato de 31,5% anual esperado puede interpretarse como una señal de moderación frente a períodos de inflación muy alta, pero todavía lejos de los valores de un dígito que muestran otras economías de la región.
Para las familias, este número condiciona decisiones cotidianas: adelantar compras, posponer proyectos, tomar créditos o conservar ahorros en moneda extranjera. Para las empresas, influye en la fijación de precios, en la firma de contratos y en la planificación de inversiones.
En ese contexto, economistas consultados suelen advertir que la clave para bajar la inflación no solo reside en las medidas fiscales y monetarias, sino también en anclar las expectativas. Es decir, lograr que la sociedad confíe en que los precios dejarán de subir de manera acelerada.
¿Cómo se construye el índice de expectativas?
La UTDT realiza mensualmente un relevamiento de alcance nacional. A partir de las respuestas de los encuestados, elabora un indicador que resume la expectativa mediana de inflación. Esta metodología es similar a la que utilizan organismos y universidades de otros países para seguir el humor social frente a los precios.
Si bien no reemplaza a los índices oficiales de inflación, el estudio funciona como una herramienta complementaria para comprender cómo el público incorpora los anuncios económicos, los movimientos del dólar y los aumentos de tarifas a su vida diaria.
En la Argentina, donde la inflación atraviesa décadas, este tipo de encuestas permite observar si la sociedad espera una desaceleración sostenida o si, por el contrario, teme un rebrote de precios. Ese pulso es seguido de cerca por el mercado y por el Gobierno.





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