La definición sobre el futuro de la Hidrovía Paraná-Paraguay avanza en silencio, con una licitación que dejó a solo dos gigantes internacionales en carrera y encendió especulaciones políticas y empresarias en torno al control de una de las vías de comercio exterior más importantes del país.

Una licitación con dos jugadores y muchas miradas
En el tramo decisivo del proceso licitatorio por la concesión de la Hidrovía Paraná-Paraguay, sólo quedaron en competencia las firmas Jan de Nul y DEME, dos compañías de origen belga con amplia experiencia en dragado y señalización. El cuadro de situación reduce el abanico de oferentes y alimenta la lectura de que se trata de una licitación “aparente”, con un margen acotado de alternativas reales.
La Hidrovía es un corredor estratégico para la salida de la producción agroexportadora y de la industria argentina. Por allí circula gran parte del complejo sojero y de las cargas que se movilizan desde los puertos del Gran Rosario hacia el mundo, lo que vuelve especialmente sensible cualquier definición sobre quién controlará su operación y mantenimiento.
Detrás del avance de los grupos belgas se mencionan intereses locales con peso propio. Referentes del Grupo Neuss y del expresidente Mauricio Macri aparecen vinculados a las conversaciones en torno a DEME, a través de estructuras empresarias que funcionan como socios o intermediarios en la región.
El rol del Grupo Román y el debate por el pliego
En el centro de esa trama figura el Grupo Román, señalado como el socio local clave para apuntalar la posición de los belgas en la licitación. Su participación actúa como una suerte de “fronting”, es decir, una cara visible y operativa para facilitar la inserción de las empresas extranjeras en el esquema normativo y político argentino.
El contenido del pliego licitatorio también genera controversia. Distintas fuentes del sector sostienen que las condiciones técnicas y financieras se diseñaron de manera tal que dejan prácticamente fuera de juego a otros posibles competidores, en particular a compañías de origen chino que venían mostrando interés en participar del negocio.
Según esa lectura, la configuración del pliego habría sido pensada para garantizar la continuidad de un modelo de gestión concentrado en un puñado de actores internacionales ya consolidados en la región, limitando el ingreso de nuevos jugadores y reduciendo el margen de competencia efectiva por la Hidrovía.
Impacto estratégico y próximas definiciones
Las decisiones sobre la concesión no sólo tienen impacto en el negocio del dragado, sino también en las tarifas que pagan exportadores y navieras, en la previsibilidad de las inversiones portuarias y en la competitividad de la economía argentina frente a otros corredores de la región.
Con el proceso ya recortado a dos oferentes, el foco se desplaza ahora a los términos finales del contrato, la duración de la concesión y los mecanismos de control que se establezcan sobre las futuras prestaciones de servicio. Cada paso será seguido de cerca por las provincias ribereñas, los operadores logísticos y los sectores productivos que dependen de la Hidrovía para colocar su producción en los mercados externos.
En ese escenario, el desenlace de la licitación definirá no sólo quién manejará la ruta fluvial más importante del país, sino también cuál será el modelo de gobernanza y de participación privada en una infraestructura clave para el comercio exterior nacional.





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