La historia de Leandro Aquino conmueve en las redes sociales. Después de pasar 7 años preso, el joven decidió dar un giro de 180 grados por el futuro de sus hijos. De cirujear desde muy pequeño, hoy logró armar su propia chatarrería, desde donde no solo sostiene a su familia, sino que también le da herramientas de trabajo a quienes más lo necesitan en la calle.
Para muchos, el destino parece estar escrito según el contexto de vulnerabilidad en el que se nace. Sin embargo, historias como la de Leandro demuestran que la determinación y el deseo de un futuro mejor pueden romper cualquier estigma.
Tras pasar siete años preso y arrastrar una infancia marcada por la escasez en las calles rosarinas, hoy lidera su propio negocio, brinda empleo y se convirtió en una voz de inspiración en TikTok junto a Rocio Navarro, su mujer y sostén.
Una infancia entre el carro y el centro rosarino
Crecer en barrio Refinería antes del auge inmobiliario significaba vivir en medio de grandes contrastes sociales. Leandro recuerda que desde muy niño debió recorrer las calles céntricas junto a su familia junta a un carro a caballo o en bicicleta para subsistir.
“Tuve esa infancia donde venía al centro a pedir a las panaderías, verdulerías y carnicerías. Tenía mi recorrido armado donde me daban una mano para comer”, rememora sobre sus primeros años.
Esa dura realidad social lo acompañó hasta su juventud, cuando las malas decisiones y la falta de oportunidades lo llevaron a perder la libertad a los 20 años.
El punto de quiebre: la paternidad tras las rejas
Leandro permaneció privado de su libertad desde los 20 hasta los 27 años. Lejos de dejarse vencer por el encierro, el nacimiento de sus dos hijos durante su estadía en el penal marcó un giro radical en sus prioridades y visión del futuro.
“A los 7 años yo pedía monedas en el centro. Hoy veo a mi hija Milena con esa misma edad y soy un agradecido de que ella no pase ni vaya a pasar nunca por la vida que yo pasé”, afirma con emoción.
Emprendimiento con sentido social y llegada a las redes
Al salir de prisión, Leandro puso en marcha una chatarrería y compraventa de reciclaje. Su proyecto no solo le permitió dar estabilidad a su hogar y emplear a su madre, sino que también se convirtió en un sostén para otros vecinos: Leandro les presta carritos y herramientas a personas que no tienen recursos para salir a juntar materiales.
Junto a su pareja, Rocío, comenzó a explorar TikTok inicialmente con fines comerciales para un proyecto de indumentaria. Sin embargo, la naturalidad de sus transmisiones en vivo llevó a que la audiencia se interesara en su historia personal.
“En los vivos empecé a contar lo que pasé cuando estuve detenido y mis procesos. Hoy las redes nos dan un gran apoyo, la gente nos saluda en la calle y me pone feliz saber que mi mensaje motiva a otros a salir adelante”, destaca.
A pesar de los prejuicios o críticas que a veces persisten en redes sociales, Leandro decide enfocarse en el trabajo diario y en dar un ejemplo a sus hijos.
“Se puede salir adelante. Cuesta, lleva tiempo y errores, pero si te quedás, te comen los piojos. Hay que levantarse todos los días y pelearla”, concluye.
Licenciada en Comunicación Social. Universidad Nacional de La Rioja (2016). Especializada en Periodismo y Comunicación Digital ETER (Escuela de Comunicación). Contacto: gisellefloresrosario@gmail.com | Instagram: @giselleflores06.
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