La muerte de la última mujer con polio que dependía de un pulmón de acero conmueve a Estados Unidos y reaviva el recuerdo de una época marcada por la poliomielitis y la lucha por la supervivencia con tecnología rudimentaria.

Martha Ann Lillard, ciudadana estadounidense, había contraído poliomielitis en su infancia y desde entonces vivía prácticamente todo el tiempo dentro de un cilindro metálico, el histórico pulmón de acero diseñado en los años 50 para asistir a quienes no podían respirar por sí mismos.
Durante décadas, este dispositivo se convirtió en su soporte vital. El paso del tiempo volvió muy difícil conseguir repuestos y técnicos capacitados para mantenerlo en funcionamiento, lo que hizo aún más frágil su situación.
Con el tiempo logró prescindir del respirador artificial y pudo llevar adelante una vida bastante normal. Únicamente pasaba 9 horas nocturnas dentro del pulmón de acero para dormir. El resto del día lo dedicaba a sus actividades habituales.
En los últimos años, la mujer afrontó nuevos desafíos de salud. Tras contagiarse de coronavirus, su organismo quedó más debilitado y las complicaciones respiratorias se agravaron, a pesar de la asistencia permanente del pulmón artificial. Al momento de su muerte, Lillard tenía 78 años.
Otro factor que deterioró aún más su calidad de vida fue el deterioro del pulmón de acero. Por su antigüedad, presentó fisuras que no pudieron ser reparadas. En vez de optar por opciones más actuales, decidió quedarse con el aparato que lo había acompañado siempre.
El caso vuelve a poner en debate cómo acompañar a pacientes que dependen de tecnologías médicas obsoletas, pero que siguen siendo su única forma de vivir con cierta estabilidad. La dificultad para conseguir piezas de recambio terminó siendo un factor clave en sus últimos meses.
El legado del pulmón de acero
El pulmón de acero fue un símbolo de la lucha contra la poliomielitis en la primera mitad del siglo XX. Antes de la expansión de las vacunas, miles de personas en el mundo dependieron de estos cilindros metálicos para respirar, muchas de ellas durante toda su vida.
Hoy, la historia de esta mujer refleja tanto el avance de la ciencia, que casi erradicó la polio con la vacunación, como las deudas pendientes con quienes sobrevivieron gracias a tecnologías que quedaron en el pasado.





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