Brecha de ingresos: la desigualdad entre provincias argentinas

Un nuevo informe privado volvió a poner bajo la lupa la desigualdad de ingresos en Argentina, al mostrar cuánto dinero por día perciben los habitantes de distintas provincias y la distancia que separa a los distritos más ricos de los más pobres.

Brecha de ingresos: la desigualdad entre provincias argentinas

Un nuevo informe privado volvió a poner bajo la lupa la desigualdad de ingresos en Argentina al mostrar cuánto dinero por día perciben los habitantes de distintas provincias y la distancia que separa a los distritos más ricos de los más pobres.

De acuerdo al estudio, la diferencia en los ingresos promedio entre provincias argentinas es contundente. Mientras en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) el ingreso diario supera los u$s25 por persona, en varias provincias del norte del país los montos no alcanzan los u$s9 por día.

La comparación en dólares permite dimensionar con mayor claridad el impacto de la desigualdad territorial. En la práctica, implica que un habitante de CABA dispone, en promedio, de casi el triple de recursos diarios que una persona que vive en las provincias con menores ingresos.

El informe toma como referencia los ingresos laborales y no laborales, y los traduce a moneda estadounidense para facilitar la comparación entre jurisdicciones, en un contexto de alta inflación y volatilidad cambiaria.

Qué revela la brecha sobre el desarrollo provincial

La distancia entre los más de u$s25 diarios en CABA y los menos de u$s9 en el norte refleja diferencias estructurales que van más allá del salario. Están vinculadas al tipo de empleo disponible, el nivel de formalidad, la productividad de las actividades económicas y el acceso a servicios básicos.

En los grandes centros urbanos, como la Ciudad de Buenos Aires y parte del conurbano, se concentran sectores de mayor valor agregado, empleo registrado y salarios más altos. En cambio, muchas provincias del norte dependen en gran medida de actividades primarias, economías regionales con fuerte estacionalidad y trabajos con altos niveles de informalidad.

Ese contraste se traduce en diferencias en la calidad de vida: capacidad de consumo, acceso a vivienda, educación, salud y posibilidades de ahorro. El dato de que hay argentinos que viven con apenas u$s8 diarios sintetiza la magnitud de la brecha.

La desigualdad entre provincias también condiciona las chances de movilidad social. En distritos con menor ingreso medio, las familias destinan una porción mayor de su presupuesto a gastos básicos, como alimentos y servicios, y tienen menos margen para invertir en educación, capacitación o emprendimientos.

Para los especialistas, estos resultados confirman la necesidad de políticas públicas focalizadas que apunten a reducir las diferencias regionales: infraestructura, incentivos a la inversión, mejora de la conectividad y programas que favorezcan la formalización del empleo son algunos de los ejes que se discuten a nivel nacional.

La discusión cobra relevancia en un escenario en el que la inflación erosiona el poder adquisitivo y obliga a revisar cómo se distribuye el crecimiento entre las distintas regiones del país, y qué herramientas se implementan para evitar que la brecha siga ampliándose.

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