Amina Helmi es una científica argentina y ganó el Premio Nobel de Astrofísica por una investigación que cambió la manera de entender cómo se formó la galaxia. Los detalles.

¿Cómo se reconstruye una historia que ocurrió hace miles de millones de años y de la que nadie fue testigo? Amina Helmi encontró una respuesta mirando las estrellas.
La astrónoma argentina, nacida en Bahía Blanca y formada en la Universidad Nacional de La Plata, recibió uno de los máximos reconocimientos internacionales de la astrofísica: el Premio Kavli de Astrofísica 2026. Lo compartió con los investigadores Vasily Belokurov, de la Universidad de Cambridge, y Rodrigo Ibata, de la Universidad de Estrasburgo.
El galardón reconoce un trabajo que puede resumirse de una manera fascinante: Helmi logró encontrar los “fósiles” de antiguas galaxias dentro de la Vía Láctea. Esas huellas permitieron demostrar que nuestra galaxia no fue siempre la enorme estructura espiral que conocemos. A lo largo de su historia, la Vía Láctea creció al incorporar otras galaxias más pequeñas, en procesos de fusión que ocurrieron hace miles de millones de años.https://rosariolaciudad.com.ar/kylo-11-farmaco-experimental-redujo-factor-asociado-a-infartos/
De Bahía Blanca a las estrellas
La historia de Helmi comenzó en Argentina. Después de nacer en Bahía Blanca, estudió Astronomía en la Universidad Nacional de La Plata. En 1996 se trasladó a los Países Bajos para continuar su formación y realizó su doctorado en la Universidad de Leiden, especializado en la formación de la Vía Láctea.
Desde 2003 forma parte del Instituto Astronómico Kapteyn de la Universidad de Groningen, donde actualmente es profesora de Astronomía y desarrolla investigaciones sobre la formación y evolución de las galaxias. En 2012 alcanzó el cargo de profesora y, con el paso de los años, se consolidó como una de las principales especialistas mundiales en este campo.
Pero su recorrido no terminó en Europa. La pregunta que la llevó a lo más alto de la ciencia sigue siendo, en esencia, una pregunta sobre nuestros propios orígenes: ¿cómo llegó a ser la Vía Láctea la galaxia que conocemos hoy?

Para responderla, Helmi estudia algo que a simple vista puede parecer insignificante: el movimiento y la composición química de las estrellas. Las estrellas pueden funcionar como una especie de archivo cósmico. Cuando una galaxia pequeña es atraída por una mucho mayor y termina siendo absorbida por ella, sus estrellas no desaparecen sin dejar rastros. Quedan distribuidas dentro de la galaxia más grande y conservan información sobre su procedencia.
Esas estructuras alargadas de estrellas son conocidas como corrientes estelares y funcionan como verdaderas huellas fósiles de antiguas colisiones galácticas.
El trabajo de Helmi permitió identificar algunas de esas estructuras y demostrar que la historia de la Vía Láctea estuvo marcada por sucesivas fusiones con galaxias menores. En otras palabras, nuestra galaxia también tiene un pasado de choques y “canibalismo” cósmico.
El premio que la llevó a Oslo
El Premio Kavli se entrega cada dos años y reconoce avances fundamentales en Astrofísica, Nanociencia y Neurociencia. En Astrofísica, la distinción de 2026 fue para Helmi, Belokurov e Ibata por descubrir evidencias fósiles de antiguas fusiones que permitieron demostrar que la Vía Láctea se formó mediante la incorporación de otras galaxias.
La ceremonia se realizó el 1° de septiembre en Oslo, Noruega. Los tres científicos recibieron una medalla de oro y comparten un premio de un millón de dólares. Helmi llegó a la ceremonia con una trayectoria que ya incluía importantes reconocimientos. En 2019 había recibido el Premio Spinoza, considerado la máxima distinción científica de los Países Bajos.
El reconocimiento tiene además una particularidad que lo vuelve especialmente significativo para Argentina: Helmi se formó en una universidad pública argentina y desde allí construyó las bases de una carrera científica que alcanzó reconocimiento mundial. Su historia también muestra que estudiar el Universo no necesariamente significa alejarse de la Tierra. A veces, para entender cómo nació una galaxia, alcanza con observar cuidadosamente las estrellas que tenemos alrededor.




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