En Rosario se profundiza un proceso de inquilinización. Cada vez más familias dependen del alquiler y ven la casa propia como una meta lejana, condicionadas por salarios y jubilaciones que pierden contra el valor de las propiedades.

La ciudad muestra una oferta creciente de departamentos. Sin embargo, esa mayor disponibilidad no se traduce en un acceso real a la vivienda. Los ingresos de trabajadores y jubilados quedan atrás frente al ritmo de aumento de las propiedades y de los alquileres.
Por su parte, en los últimos 40 años, la cantidad de hogares inquilinos en Rosario se triplicó. Este cambio estructural en la forma de habitar la ciudad consolida un escenario complejo. Actualmente, cada vez menos personas logran comprar una propiedad. Debido a esto, la mayoría de los ciudadanos queda atrapada en contratos de alquiler sucesivos.
Más inquilinos, menos acceso a la vivienda propia
Al respecto, especialistas en el mercado inmobiliario advierten que la inquilinización no solo refleja precios altos. Ciertamente, el fenómeno expone el deterioro de los salarios. Asimismo, los expertos señalan que las jubilaciones pierden poder de compra año tras año.
En este contexto, muchas familias de Rosario destinan una parte creciente de sus ingresos al pago del alquiler. Esta situación limita el ahorro familiar. De igual manera, la falta de fondos aleja la posibilidad de acceder a un crédito hipotecario o reunir el dinero necesario para una compra.
La tendencia marca un cambio profundo en el modelo de vivienda: de la casa propia como objetivo extendido, a una ciudad donde ser inquilino se vuelve la norma y no la excepción.





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