El informe del jefe de Gabinete en la Cámara de Diputados dejó una postal llamativa: el rosarino Esteban Paulón apareció con una máquina de hacer pochoclos y aprovechó para lanzarle una chicana directa al presidente del cuerpo, Martín Menem.

Una puesta en escena dirigida a Martín Menem
El diputado socialista Esteban Paulón, de origen rosarino, sorprendió al ingresar al recinto con una máquina de hacer palomitas de maíz. El gesto apuntó de lleno a Martín Menem, quien días atrás había dicho que la gente debía “comprar pochoclos” para seguir por televisión la exposición del jefe de Gabinete en el Congreso.
En medio del clima tenso que rodeó la presentación, Paulón encendió el dispositivo, comenzó a preparar pochoclos y luego se acercó con un paquete al propio Menem, en la presidencia de la Cámara baja. La escena despertó sonrisas, murmullos y también gestos de desaprobación entre distintos bloques.
La intervención del legislador buscó poner en evidencia lo que consideró una banalización del rol del Congreso por parte del oficialismo, que había planteado la sesión casi como un espectáculo. El socialismo viene cuestionando el tono comunicacional del Gobierno nacional y la centralidad de los gestos mediáticos por encima del debate parlamentario.
El trasfondo político del gesto
Para Paulón, la frase de Menem sobre los pochoclos sintetiza la mirada del oficialismo sobre el control legislativo: un evento para mirar desde afuera y no un ejercicio serio de rendición de cuentas. Por eso eligió responder con una puesta en escena irónica dentro del propio recinto.
El episodio se inscribe en la pulseada entre el Gobierno nacional y la oposición por el funcionamiento del Congreso, en un contexto de fuerte tensión política y económica. El socialismo, con presencia histórica en Rosario y en la provincia de Santa Fe, viene marcando diferencias frente al estilo confrontativo del Ejecutivo y reclamando mayor espacio para la discusión de agenda social y productiva.
La imagen de Paulón con la máquina de hacer pochoclos se viralizó rápidamente en redes sociales y reforzó la discusión sobre los límites entre la teatralidad y la política. Mientras el oficialismo defendió el tono distendido de Menem, sectores opositores remarcaron que la ciudadanía espera respuestas concretas y no símbolos pensados para las cámaras.
Más allá de la anécdota, la jornada volvió a exponer un Congreso atravesado por gestos, chicanas y mensajes hacia afuera, en paralelo a un debate de fondo sobre las políticas del Gobierno y el impacto de las medidas económicas en todo el país.





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