En un nuevo capítulo de la disputa con el poder económico local, Javier Milei volvió a cargar públicamente contra referentes del sector privado y los acusó de haber expuesto un “sistema corrupto” al resistir su agenda de reformas.

El presidente profundizó su confrontación con un grupo de empresarios de peso, a quienes volvió a ubicar en el centro de la “batalla cultural” que impulsa desde su llegada a la Casa Rosada. Sus dichos reavivan el debate sobre el vínculo entre el Gobierno y el sector privado en plena etapa de ajuste y desregulación.
Milei, la “casta” y el empresariado
Fiel a su estilo confrontativo, Javier Milei apuntó nuevamente contra figuras emblemáticas del empresariado nacional. Mencionó de manera directa al CEO del Grupo Techint, Paolo Rocca; a Javier Madanes Quintanilla, referente de Fate y Aluar; y a Roberto Méndez, de la cadena de neumáticos Neumen.
Según el mandatario, estos actores “han dejado en evidencia al sistema corrupto” que, desde su mirada, domina hace décadas la economía argentina. En su discurso, Milei insiste en que parte del empresariado habría convivido con privilegios regulatorios, subsidios y protecciones arancelarias que distorsionan la competencia.
El Presidente enmarca estas críticas dentro de su cruzada contra lo que denomina “casta”, un concepto que no sólo incluye a la dirigencia política tradicional, sino también a sectores empresariales, sindicales y corporativos que, sostiene, se habrían beneficiado del Estado a costa de la sociedad.
Contexto económico y tensiones con el sector privado
Las declaraciones se dan en un escenario de fuerte recesión, con caída del consumo, contracción de la industria y una política económica centrada en el ajuste fiscal y la apertura de mercados. En ese marco, parte del empresariado reclama previsibilidad, reglas de juego claras y una baja sostenida de la inflación.
Las tensiones entre la Casa Rosada y los dueños de grandes grupos económicos se expresan en distintos frentes: desde la discusión por el atraso o el descongelamiento de precios regulados, hasta el impacto de la desregulación en sectores como el acero, la energía y la industria automotriz.
Para el Gobierno, quienes se oponen a su programa de reformas buscan preservar un modelo basado en la protección estatal. Del otro lado, sectores empresarios advierten que un ajuste brusco, sin financiamiento productivo ni incentivos a la inversión, puede derivar en cierre de plantas, despidos y mayor conflictividad social.
La “batalla cultural” y el mensaje al electorado
Milei sostiene que su gobierno libra una “batalla cultural” contra el intervencionismo y afirma que la única salida es profundizar el programa de reformas de mercado. En ese esquema, cada cruce con el empresariado tradicional también funciona como un mensaje hacia su base de apoyo, que lo respaldó con la promesa de “romper con el statu quo”.
En sus apariciones públicas, el Presidente contrapone a estos empresarios con los “emprendedores genuinos” que, según su visión, compiten sin prebendas y apuestan por la innovación. De este modo, busca instalar una narrativa en la que el Estado se retira de la economía y el mercado ordena la asignación de recursos.
Analistas económicos advierten, sin embargo, que el enfrentamiento abierto con sectores clave del poder económico puede generar incertidumbre y postergar decisiones de inversión, en un contexto en el que la Argentina necesita recuperar actividad, empleo y crédito externo.
Mientras el Gobierno insiste con el discurso de shock liberalizador, el diálogo con el empresariado se vuelve una pieza clave para determinar si el programa podrá sostenerse en el tiempo o si las tensiones internas terminarán condicionando su alcance.



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