El deterioro del crédito en Argentina se acelera: la morosidad de las familias no solo encadena más de un año de subas consecutivas, sino que ya supera claramente los niveles previos, con un salto fuerte en los préstamos personales.

Morosidad en niveles récord
La morosidad de las familias alcanzó un nivel récord tras subir por decimosexto mes consecutivo en febrero. De acuerdo con los últimos datos del sistema financiero, la mora total trepó al 11,2%, muy por encima del 2,5% que se registraba en octubre de 2024.
El salto refleja el fuerte ajuste que atraviesan los hogares, con ingresos que pierden contra la inflación y encarecimiento del financiamiento. Cada vez más familias se atrasan en el pago de cuotas y tarjetas, lo que impacta en la calidad de la cartera de los bancos.
En el caso de los préstamos personales, la situación es todavía más delicada: la morosidad de este segmento ya roza el 14%, lo que muestra que los créditos de consumo son los primeros en resentirse cuando el presupuesto mensual se estira al límite.
Golpe al crédito y al consumo
El aumento de la mora consolida un escenario de deterioro del crédito. Las entidades financieras endurecen las condiciones para otorgar nuevos préstamos y encarecen el costo del dinero, lo que genera un círculo difícil de romper para los hogares endeudados.
En paralelo, la suba de la morosidad limita la capacidad de consumo de las familias, que recurren menos al financiamiento para compras grandes o para afrontar gastos imprevistos. En muchos casos, la prioridad pasa a ser sostener el pago de servicios básicos y alquileres, relegando otras obligaciones.
Analistas del sector financiero advierten que, con estos niveles de mora, el sistema bancario se vuelve más selectivo y retrae la oferta de crédito a los segmentos de menores ingresos, que son justamente los que más sienten el impacto de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.
Las familias, entre la inflación y las cuotas
Detrás de la estadística hay un cambio concreto en el día a día de los hogares. Muchas familias utilizan los préstamos personales para cubrir baches de ingresos o pagar deudas anteriores, lo que incrementa el riesgo de caer en una espiral de endeudamiento.
El resultado es una estructura financiera más frágil, en la que cada suba de tarifas o pérdida de empleo puede derivar en nuevos atrasos. Con una mora en dos dígitos y sin señales claras de recuperación del poder de compra, los especialistas coinciden en que el desafío será evitar que el deterioro del crédito se vuelva permanente.




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