La informalidad laboral trepó al 43% y golpea más a mujeres y jóvenes

La informalidad laboral volvió a encender alarmas al cerrar el cuarto trimestre de 2025 con un 43% de trabajadoras y trabajadores sin aportes ni protección social, con un impacto mucho más fuerte entre mujeres jóvenes y adultas mayores.

La informalidad laboral trepó al 43% y golpea más a mujeres y jóvenes
La informalidad laboral trepó al 43% y golpea más a mujeres y jóvenes

De acuerdo con los últimos datos relevados, la proporción de empleo no registrado alcanzó al 43% de la población ocupada durante el cuarto trimestre de 2025. El dato confirma la persistencia de un mercado de trabajo marcado por la precariedad, la falta de aportes previsionales y la ausencia de cobertura en salud y seguridad social.

La situación es especialmente crítica entre las mujeres, donde se observan los niveles más elevados de informalidad. Entre las trabajadoras de hasta 29 años, la tasa se dispara al 57,9%, lo que implica que casi seis de cada diez jóvenes se desempeñan sin un empleo registrado.

El escenario no mejora en los extremos de la vida laboral. Entre las mujeres de 65 años y más, la informalidad trepa al 61,6%, reflejando trayectorias laborales históricamente precarias y grandes dificultades para acceder a una jubilación plena.

El aumento de la informalidad golpea con mayor fuerza a los grupos que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad. En el caso de las jóvenes de hasta 29 años, la inserción laboral suele darse en sectores de bajos salarios, alta rotación y escaso nivel de protección, como el comercio, los servicios personales y el empleo doméstico.

Para las adultas mayores, los datos revelan el resultado de décadas de trabajos sin registro o con aportes irregulares. Esta realidad condiciona el acceso a haberes previsionales suficientes, y muchas mujeres se ven obligadas a continuar trabajando de manera informal para complementar sus ingresos.

La persistencia de estos niveles de informalidad también expone las dificultades de las políticas públicas para revertir tendencias estructurales del mercado laboral, en especial en actividades feminizadas como el cuidado y las tareas de limpieza.

Trabajar de manera informal implica, entre otras consecuencias, no contar con obra social, ni aportes jubilatorios ni vacaciones pagas. Además de afectar el presente de las trabajadoras y los trabajadores, la informalidad condiciona su futuro y profundiza las brechas de desigualdad de género y edad.

Especialistas advierten que, mientras la creación de empleo se concentre en puestos precarios, será difícil mejorar los indicadores de calidad del trabajo. La expansión de actividades con baja productividad, sumada a la falta de controles y a la necesidad urgente de generar ingresos, alimenta el crecimiento del empleo no registrado.

En este contexto, el desafío pasa por reducir la informalidad con medidas que incentiven la registración, fortalezcan los mecanismos de fiscalización y reconozcan el valor económico de las tareas de cuidado, donde las mujeres jóvenes y mayores aparecen como las principales afectadas.

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