El Arzobispado de Rosario abrió una instancia de diálogo con cuidacoches de la ciudad y planteó que la respuesta estatal debe ser la regulación de la actividad y no su prohibición, con foco en diferenciar abusos de situaciones de subsistencia.

En un gesto de acercamiento a una realidad cotidiana de las calles rosarinas, el Arzobispado de Rosario mantuvo una reunión con cuidacoches y planteó la necesidad de avanzar en una regulación específica de la actividad, en lugar de impulsar su eliminación total.
Durante el encuentro, el arzobispo Monseñor Eduardo Martín destacó que “todos tienen algo para aportar en esta sociedad” y llamó a las autoridades a diferenciar con claridad las prácticas de extorsión y amenazas de aquellas personas que buscan sobrevivir ofreciendo un servicio informal de cuidado de autos.
Entre la informalidad y la necesidad de control
La presencia de cuidacoches en Rosario forma parte del paisaje urbano desde hace años. En muchos casos se trata de personas en situación de vulnerabilidad que encuentran en esta tarea una fuente de ingreso diario, sin marcos legales que definan sus obligaciones ni los derechos de quienes dejan estacionados sus vehículos.
Desde la Iglesia se planteó que una respuesta integral debería incluir instancias de diálogo con el Estado municipal y provincial, para que se analicen posibles registros, zonas habilitadas, mecanismos de identificación y condiciones mínimas para quienes realizan esta actividad.
La mirada eclesial apunta a que la regulación permita ordenar el espacio público sin criminalizar automáticamente a todos los cuidacoches, y al mismo tiempo brinde herramientas para actuar frente a las denuncias de cobros compulsivos o aprietes que se repiten en distintos puntos de la ciudad.
Un debate abierto en las calles de Rosario
El planteo del Arzobispado se suma a un debate que atraviesa a la ciudad desde hace tiempo: cómo intervenir ante una práctica que genera malestar en muchos automovilistas pero que también está ligada a la falta de trabajo formal y a la expansión de la economía informal.
En ese marco, la Iglesia rosarina insistió en que es clave distinguir entre quienes utilizan el rol de cuidacoches para extorsionar, amenazar o dañar vehículos, y quienes se limitan a ofrecer un cuidado básico a cambio de una colaboración voluntaria, sin violencia ni condicionamientos.
El mensaje de Monseñor Martín apunta a que las políticas públicas contemplen programas de inclusión laboral y acompañamiento social para las personas que hoy dependen de esa actividad, de modo que la regulación no sea solo punitiva sino también una puerta a alternativas de trabajo más estables.
La discusión sobre el futuro de los cuidacoches en Rosario seguirá en la agenda, con el aporte de la Iglesia local que busca que el abordaje combine seguridad, derechos y oportunidades para todos los actores involucrados.





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