El juicio por el crimen de Máximo Jerez, el niño de 12 años asesinado en barrio Los Pumitas, expone cómo se mueve una banda narco cuando decide atacar en pleno territorio enemigo.

En su alegato de cierre, el fiscal reconstruyó lo que pasó antes, durante y después de la madrugada del 5 de marzo de 2023 en Los Pumitas. Describió una guerra narco abierta entre el grupo del Salteño y el de la Araña, que venía escalando hacía tiempo.
Según la acusación, la banda salió con una orden precisa: “matar a los soldados” del bando contrario. El blanco eran los puntos de venta de droga y los jóvenes que hacían de custodia y apoyo en la zona.
En ese contexto, los tiradores llegaron hasta un kiosco del barrio, convencidos de que allí estaba parte del grupo rival. El fiscal planteó que hubo un error en la elección del objetivo y que los disparos terminaron impactando contra familias ajenas a la disputa.
Máximo Jerez, de 12 años, quedó en medio de la balacera y murió por los disparos. Otros chicos y adultos resultaron heridos, lo que transformó el ataque narco en un caso testigo de la violencia que atraviesa a Rosario.
Confesiones y disputa narco en el juicio
En el juicio se incorporaron testimonios que, según la fiscalía, comprometen a los acusados. Uno de ellos habría admitido tras el ataque: “Me quedé con ganas de seguir tirando”, una frase que el fiscal destacó para mostrar la lógica de odio y venganza de la banda narco.
Para la acusación, el crimen de Máximo fue el resultado extremo de esa guerra entre el grupo del Salteño y el de la Araña, donde la disputa territorial se impuso por encima de cualquier límite y terminó con la vida de un nene que no tenía nada que ver con la pelea.





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