El consumo de carne vacuna cayó 9,5% interanual y llegó a uno de sus niveles más bajos de la historia. El precio, la pérdida de poder adquisitivo y el avance del pollo y el cerdo explican un cambio en los hábitos de los argentinos.

La carne vacuna, uno de los alimentos más asociados a la mesa argentina, continúa perdiendo terreno. El consumo por habitante cayó a 46 kilos anuales en agosto, lo que representa una baja del 9,5% respecto del mismo mes de 2025 y equivale a casi 5 kilos menos por persona en apenas un año.
El dato surge del último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). Marca el nivel más bajo de la serie de consumo de la entidad, que comienza en 2005. En agosto de 2025, el indicador se ubicaba en 50,9 kilos por habitante.
La cifra no significa que cada argentino haya consumido exactamente 46 kilos durante los primeros ocho meses del año. Se trata de un promedio móvil de los últimos 12 meses, expresado como consumo anualizado. La comparación, sin embargo, permite dimensionar la magnitud de la caída.
Por qué los argentinos comen cada vez menos carne vacuna
El retroceso tiene varias explicaciones y no responde únicamente a una modificación de los hábitos alimentarios.
Uno de los factores centrales es el precio de la carne vacuna en relación con otras fuentes de proteína. En agosto, los cortes vacunos registraron aumentos interanuales superiores a la inflación general: según los datos difundidos a partir del relevamiento de precios, la carne vacuna subió 51,2%, mientras que el nivel general de precios avanzó 33,2%. Algunos cortes tuvieron incrementos todavía mayores: la carne picada aumentó 52,7%, el asado 52,1% y el cuadril 51,9%.
En ese escenario, los consumidores buscan alternativas que permitan mantener el consumo de proteínas pero con un menor desembolso. Así, el pollo y el cerdo ganan espacio frente a la carne vacuna, una transformación que viene produciéndose desde hace varios años y que se profundiza cuando aumenta la diferencia de precios.
El dato que cambia la lectura: no necesariamente se come menos carne
La caída de la carne vacuna no implica necesariamente que los argentinos hayan dejado de consumir carne. Lo que está cambiando es qué tipo de carne llega a la mesa. En 2025, el consumo conjunto de carne vacuna, aviar y porcina alcanzó unos 116,4 kilos por habitante, frente a 112,16 kilos en 2024. Dentro de ese total, la carne vacuna aportó 49,92 kilos, el pollo 47,68 y el cerdo 18,89 kilos.
La evolución muestra un fenómeno relevante: mientras la carne vacuna pierde participación, las carnes aviar y porcina ocupan una parte cada vez mayor de la demanda. De esta manera, el cambio no es solamente cuánto comen los argentinos, sino qué carne eligen cuando tienen que decidir qué comprar con un presupuesto limitado.
El retroceso se vuelve todavía más significativo cuando se observa la evolución de largo plazo. La Argentina llegó a registrar consumos superiores a 60 kilos de carne vacuna por habitante durante buena parte del período 2005-2010. El nivel actual de 46 kilos muestra cuánto se modificó el lugar que ocupa la carne vacuna en la alimentación.
Incluso la comparación con la historia más lejana resulta llamativa. Una reconstrucción histórica de la Bolsa de Comercio de Rosario ubicó el consumo de carne vacuna de 1920 en 46,9 kilos por habitante, una cifra muy cercana al registro actual. En el extremo opuesto, en 1956 se alcanzó un máximo de más de 100 kilos por persona.
Es decir, el consumo actual se encuentra en niveles que permiten hablar de un cambio estructural en la relación de los argentinos con la carne vacuna.
Menos carne disponible para el mercado interno: el pollo y el cerdo, los grandes ganadores del cambio
La caída del consumo también ocurre en un contexto de menor producción y de una mayor participación de las exportaciones.
Durante los primeros ocho meses de 2026 se produjeron alrededor de 1,944 millones de toneladas de carne vacuna, un volumen inferior al registrado durante el mismo período del año pasado. A su vez, los envíos destinados al mercado interno retrocedieron con fuerza. Según los últimos datos difundidos, el volumen de carne vacuna disponible para los consumidores locales cayó 11,3% interanual.
Esto genera una combinación que impacta directamente sobre la góndola y la carnicería: menos oferta, precios más elevados y consumidores con menor capacidad de compra.
En este escenario, el pollo y el cerdo aparecen como las principales alternativas para los hogares que buscan reducir el gasto. La diferencia de precios es determinante. Con un mismo presupuesto, el consumidor puede comprar una cantidad considerablemente mayor de pollo o cerdo que de carne vacuna, lo que favorece la sustitución cuando el ingreso disponible se reduce.
Por eso, el fenómeno puede observarse como un cambio en la composición de la dieta antes que como una desaparición del consumo de carne. La carne vacuna sigue siendo parte central de la alimentación argentina, pero ya no tiene el peso que tuvo durante buena parte del siglo XX y comienzos del XXI.
Los números de la carne vacuna
- 46 kilos: consumo anualizado por habitante en agosto de 2026.
- 9,5%: caída interanual.
- 4,9 kilos: diferencia respecto del consumo anualizado de agosto de 2025.
- 50,9 kilos: consumo por habitante registrado un año atrás.
- 116,4 kilos: consumo conjunto de carne vacuna, pollo y cerdo por habitante en 2025.
- 51,2%: aumento interanual de los cortes vacunos en agosto, frente a una inflación general del 33,2%.

Técnica Superior en Periodismo (ISET N.°18, Rosario). Periodista de Rosario La Ciudad desde 2023. Contacto: lulasanto7@gmail.com | Instagram: @lulasanto | LinkedIn: Luciana Santo.




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