Irán dio marcha atrás en menos de un día y volvió a imponer un control estricto sobre el estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio mundial de petróleo y gas, en medio de la pulseada con el gobierno de Donald Trump.

La reapertura anunciada el viernes por las autoridades iraníes duró menos de 24 horas. Este sábado por la mañana, hora europea, Teherán informó que volverá a aplicar un “control estricto” sobre el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, la angosta vía por donde circula alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que consume el planeta.
El nuevo cierre parcial se presenta como una respuesta directa al bloqueo que Estados Unidos confirmó que mantendrá en la zona. Washington endureció las restricciones que, según Irán, prácticamente paralizan su comercio por mar, afectando tanto las importaciones como las exportaciones del país persa.
La decisión vuelve a encender las alertas de los mercados energéticos internacionales. Cada movimiento en Ormuz impacta en los precios globales del crudo y del gas, debido a la magnitud del volumen que cruza a diario por ese corredor marítimo entre Irán y la península arábiga.
Ormuz, un cuello de botella para la energía mundial
El estrecho de Ormuz es una franja de agua estratégica que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Por allí salen al mundo los hidrocarburos de grandes productores de la región, y cualquier interrupción o control adicional se traduce en incertidumbre para los países importadores.
Al anunciar el “control estricto”, Irán busca presionar para que se revierta el bloqueo impulsado por el gobierno de Donald Trump, que mantiene sanciones y restricciones sobre el comercio iraní. La confrontación diplomática y económica se traslada así a un enclave donde confluyen intereses de grandes potencias y aliados regionales de Estados Unidos.
En este contexto, analistas internacionales advierten que la escalada puede derivar en nuevas tensiones geopolíticas y en un aumento de la volatilidad en los mercados energéticos. La clave estará en si Washington mantiene su postura y si Teherán endurece todavía más las condiciones para los buques que atraviesan la zona.
Por ahora, la medida iraní añade un capítulo más a la disputa con Estados Unidos y vuelve a situar al estrecho de Ormuz como epicentro de la disputa por el control del flujo de energía hacia el resto del mundo.





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