Jeffrey Epstein dejó firmados sus últimos movimientos patrimoniales apenas dos días antes de morir en una cárcel federal. Ese documento, hasta ahora reservado, detalla cómo se repartiría su fortuna y quién quedaría como principal heredera de un patrimonio que supo ser millonario.

Dos días antes de suicidarse en una prisión federal de Estados Unidos, Jeffrey Epstein firmó un documento de fideicomiso que reorganizaba su patrimonio. Allí dejó establecido que alrededor de 100 millones de dólares quedarían en manos de quien era, por entonces, su novia.
El magnate, acusado de dirigir una red de abuso y explotación sexual de menores, buscó así blindar sus bienes de futuras reclamaciones judiciales y de eventuales disputas entre herederos. La maniobra generó nuevas controversias en torno al alcance de los derechos de las víctimas.
Epstein había construido un patrimonio valuado en cientos de millones de dólares, con propiedades en Nueva York, Florida, Nuevo México y las Islas Vírgenes, además de inversiones financieras y aeronaves privadas. El fideicomiso intentó ordenar qué parte de esa riqueza quedaría bajo control de su círculo más íntimo.
Qué es un fideicomiso y por qué se usa en grandes fortunas
En el derecho anglosajón, el fideicomiso (trust) es una herramienta frecuente entre grandes patrimonios. Permite separar legalmente los bienes del titular y colocarlos bajo la administración de un tercero -el fiduciario-, que debe cumplir las instrucciones fijadas en el documento constitutivo.
En la práctica, estos instrumentos se utilizan para planificar herencias, reducir impuestos, proteger activos frente a demandas civiles o resguardar la privacidad. Sin embargo, también pueden ser cuestionados cuando se interpretan como intentos de impedir que las víctimas de delitos accedan a compensaciones económicas.
En el caso Epstein, la firma del fideicomiso a horas de su muerte alimentó las sospechas de que se trató de una maniobra para limitar el alcance de los reclamos de quienes lo denunciaron en los tribunales estadounidenses.
Las disputas legales que siguen tras su muerte
Tras el suicidio del financista en agosto de 2019, decenas de víctimas iniciaron o profundizaron causas civiles para obtener indemnizaciones. Buena parte de esos reclamos apuntan precisamente al patrimonio administrado a través del fideicomiso.
En tribunales de Estados Unidos se discute qué porción de los activos puede ser destinada a acuerdos extrajudiciales o fallos a favor de las denunciantes, y qué parte quedaría efectivamente en poder de la heredera señalada por Epstein. La resolución de esos conflictos todavía demanda peritajes contables y decisiones de varios jueces.
El caso volvió a instalar el debate sobre la responsabilidad patrimonial de quienes acumulan fortunas mientras enfrentan causas por delitos graves. Para organizaciones de derechos humanos, los mecanismos financieros no deberían convertirse en un escudo para eludir la reparación económica de las víctimas.
Mientras continúan los procesos judiciales, el fideicomiso de Epstein sigue siendo observado como un ejemplo extremo de cómo la arquitectura financiera puede entrelazarse con causas penales de alto perfil y dejar, aún después de la muerte del acusado, una larga estela de controversias.



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