Dr. Cossia: “El que nunca tuvo un animal, se perdió de una parte maravillosa de la existencia”

En una profunda y conmovedora charla en los estudios de Rosario La Ciudad, el reconocido médico veterinario, Dr. Carlos Cossia analizó el fenómeno de los “perrijos”, los mitos comerciales, la agresión que sufren los profesionales de la salud animal y el inquebrantable lazo que une a los rosarinos con sus compañeros de cuatro patas.

Con más de 54 años de trayectoria ininterrumpida en la medicina veterinaria, el Dr. Carlos Cossia visitó los estudios de Rosario La Ciudad para conversar en profundidad sobre una realidad que define a los hogares modernos: la creciente humanización de las mascotas, los mitos que rodean a la industria del cuidado animal y las complejas demandas emocionales que enfrentan los veterinarios día a día.

El límite de la humanización: entre el afecto y la biología

La tendencia de tratar a los animales domésticos como miembros de la familia, un fenómeno popularizado bajo el término de “perrijos”, transformó radicalmente las dinámicas del hogar. Durante la entrevista, Cossia fue consultado sobre prácticas habituales como vestir a los perros con abrigos excesivos, ponerles calzado o mantenerlos en ambientes climatizados artificialmente (como dejar el aire acondicionado encendido a 25 °C todo el día durante el verano).

Al respecto, el doctor aseguró que “hay que hacer una diferencia entre la parte científica profesional y el amor de la gente. En el perro que duerme en la cama tapado, al que le compran el pullovercito o le ponen botitas, hay amor. No digo que sean necesidades biológicas, pero es amor. Nosotros, con un conocimiento científico más frío, debemos advertir que, por ejemplo, tener al animal todo el día con calefacción es perjudicial. Necesitamos que el organismo haga sus propias defensas. La naturaleza nunca se equivoca; nosotros somos los que queremos modificarla y ahí cometemos el error”.

La presión en el quirófano y la violencia hacia los veterinarios

Uno de los pasajes más sentidos de la charla abordó el impacto psicológico que sufren los médicos veterinarios debido al apego extremo de los clientes hacia sus mascotas. Cossia relató conmovido un caso ocurrido horas antes en su clínica:

“Ayer operamos a una perrita por una infección de útero muy grave y un serio compromiso respiratorio. Lamentablemente, falleció en la guardia nocturna. Yo ya había entrado al quirófano condicionado y con un nivel de nervios tremendo por ver llorar a la dueña, una chica joven para quien esa perrita era su única compañía. Es sumamente difícil y doloroso tener que llamarla para decirle que se hizo todo lo posible, sabiendo el vacío afectivo que queda”.

Esa inmensa carga emocional muchas veces se convierte en frustración y, en el peor de los casos, en violencia física o verbal hacia los profesionales de la salud. El veterinario recordó un violento episodio en el que un cliente destrozó el televisor de su sala de espera tras enterarse del fallecimiento de su perro Dogo, el cual había ingresado en estado crítico por consumir veneno para ratas en su propio hogar:

“Le tuve que hablar con firmeza: ‘Usted mató a su perro al poner el veneno; nosotros intentamos salvarlo. No me quiera meter el muerto a mí’. La gente hoy está muy agresiva, y muchas veces canalizan el dolor de la pérdida agrediendo al veterinario”.

Un amor incondicional que sobrevivió a la pandemia

Para Cossia, el amor de un animal es insustituible porque carece de rencores e intereses. Rememoró con gracia los tiempos de la cuarentena por COVID-19 como “la época más feliz para los perros, porque salían a pasear con toda la familia entera”, aunque advirtió que el posterior regreso a la normalidad generó graves cuadros de angustia por separación en los hogares.

“El perro no te discute, no te responde, te quiere sin importar si sos rico, pobre, gordo o flaco. Una persona que está durmiendo en la calle comparte primero su único pedacito de comida con su perro. Si eso no es amor, ¿el amor qué es?”, reflexionó.

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