La deuda de las familias argentinas sigue ganando terreno y cada vez son más los hogares con dificultades para cumplir en tiempo y forma con sus compromisos financieros, tanto en bancos como en plataformas fintech.

Morosidad en alza entre bancos y fintech
De acuerdo a un informe reciente de la consultora 1816, la morosidad de las familias alcanzó en abril niveles que encienden luces de alarma en el sistema financiero. En el caso de los bancos, el atraso en el pago de créditos de los hogares llegó al 12%, mientras que en las fintech se disparó hasta el 31,5%.
El dato refleja que una porción significativa de quienes accedieron a préstamos personales, tarjetas no bancarias u otros instrumentos de financiamiento digital atraviesa crecientes dificultades para sostener las cuotas. El salto en las fintech es especialmente marcado y muestra la exposición de los sectores más vulnerables al crédito de más fácil acceso.
Según el mismo trabajo, el 26,7% de las personas tiene algún tipo de crédito en situación irregular. Es decir, más de una de cada cuatro personas con deuda figura hoy con atrasos de pago, refinanciaciones forzadas o directamente en categoría de alto riesgo.
Qué hay detrás del aumento de la deuda en los hogares
El crecimiento de la morosidad está vinculado al deterioro del ingreso real de las familias y a la pérdida de capacidad de compra del salario frente a la inflación acumulada. En ese contexto, muchas personas recurren al crédito para cubrir gastos corrientes, lo que aumenta el peso de las cuotas en el presupuesto mensual.
La expansión de las fintech en los últimos años facilitó el acceso a préstamos de manera rápida y con menos requisitos que la banca tradicional. Sin embargo, esas ventajas también implican, en muchos casos, tasas de interés más elevadas y menor capacidad de evaluación de la situación financiera de cada usuario.
En el sistema bancario, la suba al 12% de la morosidad de familias marca un cambio respecto de períodos de menor atraso. Aunque el porcentaje es más bajo que en las fintech, se trata de una señal relevante para la estabilidad de la cartera de consumo y el comportamiento futuro del crédito al sector privado.
Los especialistas advierten que, si el deterioro del poder adquisitivo se sostiene, los indicadores de morosidad podrían seguir escalando en los próximos meses, obligando a las entidades financieras a endurecer condiciones, revisar límites de crédito y reforzar las políticas de cobranza.
Impacto en el consumo y en la economía cotidiana
El aumento de la morosidad no solo complica a las entidades que otorgan financiamiento, sino que también tiene un efecto directo sobre el consumo. Hogares con mayores atrasos tienden a recortar gastos, postergar compras y priorizar pagos básicos como alquileres o servicios esenciales.
En ese marco, la combinación de endeudamiento creciente y salarios que pierden terreno frente a la inflación configura un escenario desafiante para los próximos meses. La evolución de estos indicadores será clave para seguir de cerca la salud financiera de las familias y el desempeño del mercado interno.




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