Que los chicos se distraigan, cambien de juego o dejen a medias la tarea no significa que no puedan concentrarse o tengan un problema de aprendizaje. La atención en la infancia se construye y está muy ligada al sueño y a otros factores.

Atención y aprendizaje: más que “falta de voluntad”
En contextos escolares y en casa, muchos adultos interpretan la distracción como desinterés. Sin embargo, la evidencia muestra que la atención es un proceso dinámico, que se ve afectado por el cansancio, el hambre, el estrés o la complejidad de la tarea.
Cuando una consigna es muy difícil o muy larga para la edad, el chico puede abandonar no porque no quiera aprender, sino porque su capacidad de sostener la atención llegó al límite. Adaptar los tiempos y ofrecer pausas cortas suele mejorar la respuesta.
El movimiento también es clave. Mantener a los chicos sentados durante demasiado tiempo impacta en la atención y, por lo tanto, en el aprendizaje. Habilitar pequeños momentos para levantarse, estirarse o cambiar de postura ayuda a que vuelvan a enfocarse.
Las pantallas no son el único problema, pero su uso desmedido puede acostumbrar al cerebro a estímulos rápidos y constantes. Por eso se recomienda regular tiempos y contenidos, sobre todo antes de dormir, para proteger el sueño y la concentración al día siguiente.
Armar un entorno con menos ruidos, acordar horarios de descanso y ofrecer tareas breves y claras permite que la atención de los chicos se convierta en aliada del aprendizaje, en vez de ser vista como un defecto.





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