Un estudio reveló que seis de cada diez jóvenes argentinos piensa irse del país, a pesar de tener proyectos a largo plazo.

Un estudio sobre los jóvenes argentinos reveló una aparente contradicción: nueve de cada diez jóvenes se sienten orgullosos de ser argentinos y tienen proyectos para los próximos años, pero seis de cada diez consideran la posibilidad de irse del país. La mayoría no piensa en irse para siempre, sino en buscar experiencias y oportunidades afuera.
La Generación Z argentina enfrenta una paradoja: quiere progresar, tiene proyectos y conserva un fuerte sentido de pertenencia al país, pero al mismo tiempo contempla la posibilidad de emigrar si no encuentra las condiciones necesarias para concretar sus objetivos.
El dato surge de un estudio realizado por Moiguer Consultora de Estrategia. Analizó las preocupaciones, expectativas y proyectos de los jóvenes argentinos y buscó derribar algunos de los principales prejuicios construidos alrededor de esta generación.
Según la investigación, el 63% de los jóvenes considera la posibilidad de irse del país, aunque esto no significa necesariamente que tenga pensado radicarse definitivamente en el exterior. De hecho, solamente el 26% afirma que se iría de Argentina para no volver.
La diferencia entre ambos datos resulta clave para comprender el fenómeno: para muchos jóvenes, emigrar aparece como una experiencia, una oportunidad para desarrollarse o una alternativa frente a las dificultades económicas, más que como una decisión definitiva de abandonar el país.
Una generación que todavía apuesta por Argentina
Pese a la intención de emigrar de una parte importante de los encuestados, el estudio muestra que la Generación Z mantiene un fuerte vínculo con el país.
Nueve de cada diez jóvenes dicen sentirse orgullosos de ser argentinos y nueve de cada diez aseguran que no elegirían ser de otro país. La mayoría, además, manifiesta que preferiría desarrollarse en Argentina si encuentra un escenario que le permita concretar sus proyectos.
El sentimiento de pertenencia convive, entonces, con una mirada pragmática: los jóvenes valoran su país, pero también analizan qué posibilidades concretas tienen para estudiar, trabajar, independizarse, ahorrar o acceder a una vivienda.
Lejos de la idea de una juventud sin objetivos, la investigación encontró que el 81% tiene algún proyecto para los próximos cinco años.
Entre las principales aspiraciones aparecen independizarse, alquilar una vivienda y comprar una casa. El trabajo y el esfuerzo también mantienen un lugar central: el 85% considera que ambos son las principales herramientas para alcanzar sus objetivos, mientras que siete de cada diez proyectan continuar formándose.
Sin embargo, las dificultades económicas condicionan esas expectativas. El estudio señala que los jóvenes califican con apenas 4,4 puntos sobre 10 la situación del país, mientras que su percepción sobre la propia capacidad de consumo alcanza 5,6 puntos.
Además, seis de cada diez tienen temor de no poder ahorrar o de que sus ingresos no sean suficientes para concretar sus proyectos.
El dilema: quedarse o buscar oportunidades afuera
En ese contexto aparece la posibilidad de emigrar. Para la Generación Z, salir del país puede representar una forma de adquirir experiencia, estudiar, trabajar o acceder a oportunidades que sienten más difíciles de encontrar en Argentina.
Pero el estudio muestra que irse no necesariamente implica cortar el vínculo con el país. La posibilidad de vivir en el exterior aparece, para buena parte de los jóvenes, como una experiencia que puede convivir con la intención de regresar.
La lógica es, en buena medida, pragmática: si Argentina ofrece condiciones para desarrollar sus proyectos, existe una fuerte voluntad de quedarse; si esas oportunidades no aparecen, el exterior se convierte en una alternativa.
La aparente contradicción entre querer quedarse y pensar en emigrar resume buena parte de la relación que la Generación Z mantiene con su futuro. No se trata de una juventud que haya perdido la esperanza o que no tenga proyectos. Por el contrario, tiene objetivos, está dispuesta a esforzarse y quiere progresar, pero también evalúa alternativas cuando percibe que el contexto puede impedirle avanzar.
Por eso, el dato del 63% que contempla emigrar debe leerse junto con otro igualmente significativo: nueve de cada diez jóvenes siguen sintiéndose orgullosos de ser argentinos y la mayoría no elegiría otro país para haber nacido.
La paradoja, entonces, no es que los jóvenes rechacen Argentina. Es que quieren construir su futuro en el país, pero no están dispuestos a resignar sus proyectos si no encuentran las condiciones para hacerlo.




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