La reciente intoxicación con cocaína de un niño de dos años encendió nuevas alarmas en Rosario y expuso un problema que los equipos de salud ven crecer: el impacto del consumo de estupefacientes en chicos y chicas, y en particular el avance silencioso de los opioides.

Graves consecuencias neurológicas en la infancia
La jefa de Toxicología del hospital Provincial de Rosario, Silvia Martínez, analizó las secuelas que pueden dejar las drogas en el cerebro de los chicos, a partir del caso del padre que intoxicó a su hijo de dos años con cocaína. La especialista remarcó que la exposición a estas sustancias en edades tempranas puede provocar daños neurológicos severos y permanentes.
Martínez explicó que los estupefacientes alteran el desarrollo normal del sistema nervioso central. Según detalló, las intoxicaciones agudas pueden generar convulsiones, pérdida de conciencia, trastornos respiratorios y cardíacos, mientras que las exposiciones repetidas se asocian a dificultades cognitivas, problemas de conducta y trastornos del aprendizaje.
En el caso de la cocaína, el riesgo se potencia por su efecto directo sobre la circulación cerebral. La médica advirtió que un episodio de este tipo en un niño tan pequeño puede dejar como consecuencia secuelas motoras, déficit de atención y alteraciones en el control de impulsos, entre otros cuadros complejos.
Preocupación por el aumento del uso de opioides
En ese marco, la jefa de Toxicología advirtió que en la provincia se observa una situación cada vez más compleja vinculada al consumo de opioides. Si bien su uso suele estar asociado al tratamiento del dolor, Martínez señaló que los servicios de guardia empiezan a registrar con mayor frecuencia consultas ligadas a mal uso, abuso y mezclas peligrosas con otras sustancias.
La especialista subrayó que, además del riesgo de sobredosis, los opioides pueden generar una fuerte dependencia física y psicológica. En contextos de vulnerabilidad social y emocional, esa combinación se vuelve especialmente riesgosa, tanto para los adultos como para los entornos familiares en los que viven niños y niñas.
Conducir bajo efectos del cannabis: un “altísimo riesgo”
Otro de los puntos que remarcó Martínez fue el peligro de manejar bajo los efectos del cannabis. La médica recordó que esta sustancia altera los reflejos, la percepción del tiempo y la capacidad de respuesta ante imprevistos en el tránsito, lo que incrementa de manera significativa la probabilidad de siniestros viales.
Desde el área de Toxicología insisten en que no existe un consumo “seguro” de sustancias cuando se trata de conducir. Aun cuando una persona se sienta en control, el efecto del cannabis y otras drogas en el organismo puede reducir la atención y la coordinación, poniéndola en riesgo a ella y a terceros.
Atender el dolor emocional detrás del consumo
Más allá de los cuadros agudos que llegan a la guardia, Martínez hizo hincapié en la necesidad de abordar el dolor emocional que subyace a muchos consumos problemáticos. Según señaló, en numerosos casos las personas recurren a las drogas para aliviar angustias, duelos o situaciones de violencia que no encuentran otro modo de tramitar.
Para la especialista, la respuesta sanitaria no puede limitarse a estabilizar las intoxicaciones, sino que debe incluir acompañamiento psicológico, dispositivos de salud mental y redes comunitarias que permitan trabajar esas historias de sufrimiento. De esa forma, se busca prevenir nuevos episodios y reducir el impacto del consumo en los hogares donde hay niños y niñas.
En esa línea, el equipo de Toxicología del hospital Provincial insiste en la importancia de consultar tempranamente ante cualquier sospecha de intoxicación o consumo problemático y de pedir ayuda profesional para quienes atraviesan situaciones de dependencia, antes de que se produzcan daños irreversibles.





Comentarios