Miriam Alejandra Bianchi, conocida como Gilda, murió el 7 de septiembre de 1996, a los 34 años, en un accidente ocurrido en la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. Tres décadas después, sus canciones continúan atravesando generaciones y su figura se convirtió en uno de los grandes íconos de la música popular argentina.

Este lunes 7 de septiembre se cumplen 30 años de la muerte de Miriam Alejandra Bianchi, la cantante que bajo el nombre artístico de Gilda transformó la escena tropical argentina y, con una carrera que duró apenas unos seis años, consiguió instalar canciones que todavía forman parte de fiestas, radios, canchas de fútbol y reuniones familiares.
Su muerte ocurrió el 7 de septiembre de 1996, a sus 34 años. El micro en el que viajaba sufrió un choque en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos y en el accidente también murieron su hija Mariel, su madre, tres músicos de su grupo y el chofer del ómnibus.
Pero aquella tragedia no significó el final de su historia artística. Por el contrario, con el paso del tiempo, su figura creció hasta convertirse en un fenómeno que excedió ampliamente los límites de la música tropical.
De las aulas a los escenarios
Antes de convertirse en Gilda, Miriam Bianchi era maestra jardinera. Su llegada a la música se produjo casi de manera inesperada: respondió a un aviso en el que buscaban una cantante para una agrupación de música tropical. A partir de allí comenzó una carrera que la llevó a compartir escenarios con grandes nombres de la movida tropical. Además, construyó una identidad propia en un ambiente dominado principalmente por hombres.
Su nombre artístico, Gilda, fue elegido en homenaje al personaje interpretado por Rita Hayworth en la película homónima.
Durante la primera mitad de la década del 90 llegaron los discos que marcaron su ascenso. Con canciones como “No me arrepiento de este amor”, “Fuiste”, “Corazón valiente” y “No es mi despedida”, la cantante consiguió una conexión particular con el público. Sus letras hablaban de amor, desengaños, deseos y pérdidas con una sensibilidad que logró trascender al público habitual de la cumbia.
Una tragedia que dio paso al mito
La muerte de Gilda ocurrió cuando su carrera atravesaba uno de sus momentos de mayor crecimiento. La noticia provocó un enorme impacto y, con el correr de los años, su figura comenzó a adquirir una dimensión diferente.
En el lugar del accidente se levantó un santuario que todavía recibe a seguidores que llevan flores, velas, fotografías y objetos personales. Tres décadas después, el sitio continúa funcionando como un punto de peregrinación.
A partir de los relatos de personas que aseguran haber recibido favores o milagros, Gilda comenzó a ser considerada una “santa popular” o “santa pagana”. Esta condición que no forma parte de ningún reconocimiento oficial de la Iglesia Católica, pero que sí refleja la profunda devoción que despertó entre sus seguidores.
Quizás una de las mayores particularidades del fenómeno Gilda sea que sus canciones no quedaron asociadas exclusivamente a una generación. A 30 años de su muerte, su música sigue sonando y sus temas fueron incorporados incluso a espacios alejados de la bailanta.
Sus canciones llegaron a las canchas de fútbol y fueron retomadas por artistas de distintas generaciones, mientras su historia también fue llevada al cine en “Gilda, no me arrepiento de este amor”, la película protagonizada por Natalia Oreiro que se estrenó en 2016.
La vigencia de Gilda también está relacionada con la sencillez de sus canciones y con una identidad artística que logró romper prejuicios en torno a la música tropical. Fue compositora, intérprete y líder de una banda en un género que por entonces ocupaba un lugar bastante más marginal dentro de la escena musical argentina.




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