El film reconstruye uno de los encuentros más emblemáticos de la historia del fútbol, con Diego Maradona como figura central y una mirada que combina épica deportiva y contexto político.

A casi cuatro décadas del histórico cruce entre Argentina e Inglaterra en el Mundial de México 1986, llega a los cines “El partido”, una película que propone volver a contar -desde adentro- uno de los capítulos más intensos del deporte argentino.
El film pone el foco en el duelo disputado el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca, un encuentro que trascendió lo futbolístico para convertirse en símbolo cultural y político. Allí, el equipo dirigido por Carlos Salvador Bilardo venció 2 a 1 con dos goles inolvidables de Diego Armando Maradona: la polémica “Mano de Dios” y el denominado “Gol del Siglo”.
Lejos de limitarse a la reconstrucción deportiva, la película busca capturar el clima de época. El relato incorpora el contexto posterior a la Guerra de Malvinas y el peso simbólico que tuvo ese enfrentamiento ante Inglaterra para la sociedad argentina. Para eso, combina imágenes recreadas, archivo y testimonios para construir una narrativa que alterna tensión, emoción y memoria colectiva. No solo se trata de revivir los goles, sino de entender por qué ese partido quedó grabado en la historia.
Maradona, eje de la historia
Como no podía ser de otra manera, la figura de Diego Armando Maradona atraviesa todo el film. Su liderazgo dentro del campo, su talento decisivo y su capacidad para asumir el protagonismo en momentos clave aparecen como el hilo conductor del relato.
El segundo gol -una corrida memorable desde mitad de cancha- es uno de los momentos centrales de la película, reconstruido con detalle para transmitir la dimensión de aquella jugada que dio la vuelta al mundo.
De esta manera, “El partido” se suma a la tendencia de producciones que revisitan hitos del deporte argentino desde una mirada contemporánea. En este caso, el desafío fue narrar una historia conocida sin perder intensidad ni sorpresa.
La película logra apoyarse en el peso simbólico del acontecimiento, pero también en una construcción narrativa que busca interpelar tanto a quienes vivieron aquel Mundial como a las nuevas generaciones.




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