Emiratos Árabes deja la OPEP y reconfigura el poder petrolero

El giro de Emiratos Árabes Unidos en la política petrolera y climática sacude los cimientos de la OPEP y abre un interrogante sobre el futuro del mercado mundial de crudo y de las negociaciones ambientales.

Emiratos Árabes deja la OPEP y reconfigura el poder petrolero

Desde hace más de seis décadas, el mundo observa con atención a Viena, Austria, ciudad en la que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) define cuántos barriles salen al mercado. En una ciudad ajena al imaginario petrolero, se trazan decisiones que impactan sobre los precios de la energía y, por extensión, sobre la economía global.

Casi mes a mes, los ministros de Energía de los países miembros se reúnen a pasos del imponente Ayuntamiento neogótico vienés. Allí ajustan recortes de producción para sostener valores elevados del crudo, configurando un mercado que se parece más a un bazar cuidadosamente regulado que a un esquema de libre competencia.

La influencia de la OPEP se ha mantenido pese a la irrupción de nuevos productores y a los debates globales sobre la transición energética. Sin embargo, el reciente distanciamiento de Emiratos Árabes Unidos introduce una fisura en el bloque de petroestados que históricamente operó en tándem.

Emiratos, de socio clave a aliado incómodo

En el frente climático, Emiratos pasó a ser visto casi como un “traidor” dentro del grupo de exportadores de crudo. Ese bloque, encabezado por Arabia Saudita, se ha caracterizado por frenar o debilitar acuerdos en las últimas cumbres sobre cambio climático, buscando que los textos se concentren en emisiones de gases de efecto invernadero sin nombrar explícitamente a los combustibles fósiles.

En tres décadas de negociaciones climáticas de la ONU, solo una vez se incluyó una referencia directa a la necesidad de que los países avancen en dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón. Ocurrió en la COP28, celebrada en Dubái y presidida por Emiratos Árabes Unidos, un hecho que tensó al máximo la interna con Arabia Saudita.

La incorporación de ese lenguaje en el acuerdo final fue precedida por un pulso intenso, con la oposición frontal de Riad y pronunciamientos críticos de la propia OPEP. La disputa expuso las grietas entre quienes buscan retrasar cualquier referencia a la salida de los fósiles y quienes, aun siendo productores, reconocen que el rumbo global va en otra dirección.

El rol clave de Sultan al Jaber y el doble perfil energético

La COP28 estuvo presidida por Sultan al Jaber, ministro de Industria de Emiratos. Su figura encarna una dualidad llamativa: es máximo responsable de ADNOC (Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi), la octava petrolera del mundo, y al mismo tiempo director ejecutivo de Masdar, empresa estatal dedicada exclusivamente a energías renovables.

Ese doble rol sintetiza la tensión entre la lógica del negocio fósil y la necesidad de posicionarse en la transición energética. Emiratos busca mostrarse como un actor dispuesto a liderar parte del cambio, sin renunciar a los ingresos del petróleo, movida que no todos los socios del cártel ven con buenos ojos.

La influencia emiratí se refuerza con la presencia en su territorio de la sede de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA), un organismo que impulsa el despliegue global de tecnologías limpias. Para varios petroestados más duros y para dirigentes como Donald Trump, que retiró a Estados Unidos de la agencia y cortó su financiamiento, IRENA es vista casi como una amenaza directa a su modelo económico.

En este escenario, el alejamiento de Emiratos de la línea más rígida de la OPEP no solo hiere la cohesión del cartel, sino que también reconfigura la disputa de poder en torno al petróleo y a la agenda climática mundial.

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