El ministro de Economía Luis Caputo reconoció que la inflación de marzo podría mostrar una nueva aceleración por el impacto de la guerra en los precios internacionales, aunque aseguró que los indicadores de consumo, crédito y actividad se mantienen firmes y negó que la Argentina atraviese un escenario de estanflación.

En declaraciones públicas, Luis Caputo admitió que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) podría mostrar en marzo una variación mayor a la esperada, en un contexto marcado por la guerra y la suba de los commodities. Según el funcionario, ese shock externo agrega presión sobre los costos internos y se traduce en aumentos en la canasta básica.
Aun así, el titular del Palacio de Hacienda remarcó que la economía no se encuentra en estanflación. Para él, la combinación de alta inflación con estancamiento de la producción y el empleo no se verifica hoy en la Argentina, ya que los principales indicadores de actividad se mantienen en niveles elevados.
El ministro de Economía señaló que el consumo interno continúa mostrando dinamismo, con buenos números en sectores vinculados al comercio y los servicios. También destacó que el crédito al sector privado sigue creciendo en términos reales, lo que, a su entender, refleja la confianza de empresas y familias en la evolución de la economía.
Debate por la estanflación y el impacto de la guerra
La discusión sobre la estanflación volvió al centro de la escena a partir de la aceleración inflacionaria y la incertidumbre global por la guerra. En ese marco, Caputo insistió en que el Gobierno busca contener el traslado de la devaluación y de los aumentos internacionales a los precios de los productos de consumo masivo.
El funcionario afirmó que la prioridad oficial es sostener la actividad económica al tiempo que se intenta moderar la escalada inflacionaria. Para eso, resaltó la importancia de preservar el crédito productivo y evitar un freno brusco del consumo, dos variables que, aseguró, hoy se encuentran en terreno positivo.
Caputo también hizo referencia a la necesidad de reducir la incertidumbre financiera, en un escenario en el que la guerra impacta sobre el costo de la energía y los alimentos en todo el mundo. En ese contexto, argumentó que la Argentina enfrenta un desafío adicional por su historial de alta inflación y desequilibrios macroeconómicos.
Mientras los analistas privados recalculan sus proyecciones de inflación anual y advierten por el deterioro del poder adquisitivo, el Gobierno apuesta a mostrar que la economía todavía conserva niveles de actividad y consumo que le permiten descartar, por ahora, un cuadro típico de estanflación.




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