En el Concejo de la ciudad de Santa Fe comenzó a discutirse un proyecto que propone habilitar un picódromo, un espacio específico y controlado para competencias de aceleración, con el objetivo de sacar las picadas ilegales de la vía pública.

La iniciativa se enmarca en un proyecto de ordenanza que propone que la capital santafesina cuente con un sector destinado a competencias deportivas de aceleración. La propuesta abre el interrogante sobre si es posible pasar de las picadas clandestinas a una práctica regulada, con medidas de seguridad y controles municipales.
Qué es un picódromo y cómo funcionaría
Un picódromo es un espacio acondicionado para realizar carreras de aceleración de autos y motos en un entorno cerrado, señalizado y con normas claras. La idea es que los conductores que hoy corren en rutas o avenidas, poniendo en riesgo su vida y la de terceros, puedan canalizar esa actividad en un ámbito formal.
En estos circuitos suele haber pistas delimitadas, barreras de protección, boxes para los vehículos y sectores específicos para el público. Además, se exige el uso de elementos de seguridad, como cascos y cinturones homologados, así como la presencia de personal médico y de bomberos.
El proyecto santafesino apunta a replicar este modelo, con la habilitación municipal correspondiente y la participación de áreas técnicas que definan las características de la traza, la iluminación y los accesos, entre otros aspectos clave para minimizar riesgos.
Dónde podría ubicarse y qué se debate
La propuesta prevé que el picódromo se instale en una zona alejada de áreas densamente pobladas, con accesos seguros y espacio suficiente para la circulación de vehículos y espectadores. El objetivo es reducir el impacto acústico y evitar conflictos con los barrios residenciales.
Entre los puntos en discusión figuran la viabilidad económica del proyecto, las fuentes de financiamiento y el esquema de administración del espacio. También se analiza quién se encargaría del mantenimiento y de los seguros necesarios para cubrir posibles incidentes durante las competencias.
Otro eje central del debate es el impacto en la seguridad vial. Quienes apoyan la iniciativa sostienen que un picódromo permitiría reducir las carreras clandestinas en avenidas y accesos a la ciudad, al ofrecer una alternativa legal y segura para los aficionados a la velocidad.
En cambio, las voces críticas advierten que la habilitación de un espacio para picadas podría interpretarse como una señal ambigua, al institucionalizar una práctica históricamente asociada a maniobras temerarias y sin respeto por las normas de tránsito.
Seguridad, controles y marco legal
El proyecto de ordenanza pone el foco en la necesidad de que el picódromo funcione bajo estrictos controles municipales y policiales. Se contempla que la actividad se desarrolle en días y horarios pautados, con ingreso controlado, revisión técnica de los vehículos y registro de los participantes.
Además, se plantea la articulación con las áreas de seguridad vial para promover campañas de concientización sobre la conducción responsable. La intención es que el espacio no solo sea un ámbito deportivo, sino también un lugar para reforzar mensajes preventivos dirigidos, sobre todo, a los jóvenes.
El paso de las picadas clandestinas a un esquema regulado también requeriría ajustar las ordenanzas vigentes y coordinarlas con las normativas provinciales. El desafío será encontrar un equilibrio entre el estímulo a la actividad deportiva y la preservación de la seguridad pública en toda la ciudad.




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