El complejo lácteo argentino cerró 2025 con un fuerte repunte en sus ventas externas, consolidando a la lechería como uno de los sectores que logró crecer en medio de un contexto económico desafiante.

De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, las exportaciones lácteas de 2025 fueron las más altas de los últimos doce años. En total, ingresaron al país US$1.690 millones por la venta de leche en polvo, quesos, sueros y otros derivados.
En términos de volumen, se despacharon al exterior poco más de 425.000 toneladas de productos lácteos, lo que representa un crecimiento del 11% respecto del año anterior. El incremento en valor fue aún más marcado: el salto llegó al 20%, impulsado por mejores precios internacionales y una mayor diversificación de mercados.
Un sector que gana peso en las exportaciones
La cadena láctea viene de años de alta volatilidad por la inflación interna, los costos en dólares y la presión impositiva. Aun así, en 2025 logró capitalizar la demanda de países de América Latina, África y Asia, que buscan proveedores alternativos en un mercado global muy competitivo.
La mejora en las exportaciones se apoyó en tres factores clave: mayor producción primaria, plantas industriales con capacidad ociosa que pudieron volcar su oferta al exterior y un tipo de cambio que, pese a las tensiones, resultó relativamente favorable para la venta fuera del país.
Dentro del universo exportador, la leche en polvo entera sigue siendo el producto estrella, aunque los quesos de mayor valor agregado ganaron participación, especialmente en mercados de cercanía como Brasil, Chile y otros destinos del Mercosur.
Si bien el salto exportador no se traduce automáticamente en una mejora generalizada para todos los tambos, referentes del sector destacan que la demanda externa ayuda a sostener la actividad en un momento de caída del consumo interno y suba de costos.
Productores consultados señalan que la estabilidad de las reglas de juego y la previsibilidad cambiaria serán determinantes para sostener este nivel de envíos. Advierten que la lechería necesita inversiones de largo plazo en genética, infraestructura y bienestar animal para no quedar rezagada frente a otros países competidores.
En paralelo, analistas económicos subrayan que los casi US$1.700 millones que ingresaron por lácteos contribuyen a mejorar la balanza comercial agroindustrial y a sumar divisas en un año en el que el país enfrenta fuertes compromisos de deuda y restricciones en el acceso al crédito externo.
Desafíos y oportunidades para 2026
De cara a 2026, el sector mira con atención la evolución de los precios internacionales de la leche y las políticas internas que se definan en materia de retenciones, tipo de cambio y costos logísticos. La posibilidad de consolidar nuevos destinos, como mercados del sudeste asiático, aparece como una oportunidad estratégica para sostener el récord alcanzado.
También se abre el debate sobre cómo equilibrar la necesidad de dólares con el acceso a productos lácteos a precios accesibles en el mercado interno. Especialistas plantean que una mayor productividad por hectárea y por vaca sería la clave para compatibilizar ambos objetivos sin descalzar el bolsillo de los consumidores.
En ese escenario, la lechería se reafirma como uno de los complejos agroindustriales con mayor potencial para generar empleo, agregar valor y aportar divisas, siempre que cuente con condiciones estables y previsibles para planificar a varios años vista.




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