La confianza de los empresarios supermercadistas volvió a retroceder en Argentina y encendió una señal de alarma en el sector, que reporta problemas crecientes de demanda y dificultades para financiar su operatoria diaria.

El ICE volvió a niveles críticos
De acuerdo con los últimos datos del INDEC, el indicador de confianza empresaria (ICE) de los supermercados se redujo un 6,2% y regresó a los niveles críticos que se habían observado en septiembre del año pasado. El dato confirma un escenario de preocupación en la actividad, con ventas presionadas por la pérdida de poder adquisitivo y mayores costos financieros.
El retroceso del ICE refleja la percepción de los supermercados sobre la marcha actual del negocio y sus expectativas para los próximos meses. La caída en la confianza se da en un contexto de consumo debilitado, marcado por hogares que ajustan gastos, priorizan segundas marcas y reducen compras de productos no esenciales.
En paralelo, los supermercadistas advierten por la falta de financiamiento accesible, tanto para capital de trabajo como para sostener promociones y ofertas. Las tasas de interés elevadas, sumadas a mayores exigencias bancarias, complican el acceso al crédito y presionan la rentabilidad del sector.
Demanda floja y presión sobre la rentabilidad
Del lado de la demanda, el sector reporta una caída en la afluencia de clientes y en el ticket promedio. Muchos consumidores optan por compras más chicas y frecuentes, ajustadas al efectivo disponible o al límite de sus tarjetas. Esta dinámica se traduce en menor volumen y más dificultad para trasladar aumentos de costos a precios finales.
Frente a este panorama, los supermercados recurren a descuentos puntuales, ofertas bancarias y programas de fidelización para tratar de sostener el nivel de ventas. Sin embargo, el margen de maniobra es cada vez más acotado, y las empresas advierten que estas herramientas, en muchos casos, ya no alcanzan para compensar la debilidad del consumo.
El retorno del ICE a valores similares a los de septiembre último es leído por analistas como una señal de cautela sobre la recuperación de la actividad comercial. La combinación de demanda retraída y financiamiento caro configura un escenario desafiante para los supermercados, que deberán atravesar los próximos meses con un nivel de confianza en mínimos de medio año.





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