“Salta 2141 me dejó una sensación de nostalgia de lo que nos pasó”

Este miércoles visitó los estudios de Rosario La Ciudad el Jefe de Bomberos Zapadores de Rosario, Roberto “Negrito” Ramírez, quien habló de sus 28 años de servicio a la comunidad y recordó la tragedia del 6 de agosto en Salta 2141.

En una jornada cargada de emoción y reflexión, el Jefe de Bomberos Zapadores de Rosario, Roberto “Negrito” Ramírez, participó en “Muy Rosarino” en los estudios de Rosario La Ciudad. Con 28 años de trayectoria vistiendo el uniforme, Ramírez repasó la devoción por su oficio, las anécdotas más insólitas de la guardia y el peso imborrable que dejó en su vida y en la comunidad la tragedia del 6 de agosto de 2013 en calle Salta 2141.

“Salta 2141 me dejó una sensación de nostalgia de lo que pasó“, confesó al recordar la mayor tragedia edilicia de la historia rosarina. Ramírez explicó cómo el trabajo constante los había preparado de forma anticipada para semejante escenario: “Nos agarró preparados porque veníamos haciendo cursos de estructuras colapsadas”. Asimismo, destacó el trabajo mancomunado e histórico que se logró durante esas jornadas interminables entre la Municipalidad, la Provincia y la Nación.

El rescate entre los escombros y los vínculos para toda la vida

Entre las vivencias más impactantes de su carrera, el Jefe de Zapadores relató el momento exacto en que logró rescatar a Gisel Patroni, la única sobreviviente de la torre que colapsó por completo en calle Salta. Ramírez rememoró la complejidad de las tareas para extraerla de entre los escombros y reveló que, a pesar del paso del tiempo, hasta el día de hoy mantienen un contacto cercano.

Subcomisario y Jefe de Bomberos Zapadores de Rosario, Roberto “Negrito” Ramírez,

No fue el único rescate que marcó a fuego su trayectoria. Durante la entrevista, recordó también el caso de Facundo (alias “Barbarroja”), un hombre que permaneció enterrado durante 6 horas bajo los escombros en una obra de calle Suipacha al 200. Tras una maniobra contra reloj, fue salvado y tiempo después se acercó personalmente al cuartel para abrazar y agradecer a sus salvadores.

Del piso 9 a una tarjeta de cumpleaños de 15

Una de las historias más emotivas que narró Ramírez ocurrió años atrás en lo alto de un edificio. En medio de un escenario de extrema tensión en un piso 9, debió intervenir para salvar la vida de Irupé, una bebé de apenas 3 años que su padre amenazaba con arrojar al vacío.

Doce años después de aquel rescate límite, la niña —convertida en una jovencita— se encargó de buscarlo incansablemente por toda la ciudad con un objetivo claro: invitarlo a celebrar con ella su fiesta de 15 años.

La vocación, el dolor y las anécdotas de guardia

La labor del bombero trasciende las grandes emergencias. “El bombero hace de todo: desde un accidente de tránsito hasta el rescate de un animal”, señaló Ramírez. Entre risas, desmitificó los clásicos llamados por felinos atrapados en las alturas: “¿Cuándo viste un esqueleto de gato en un árbol? El gato baja solo”, lanzó bromista, para luego recordar la insólita ocasión en que debieron acudir al rescate de un gallo atrapado en un árbol.

Sin embargo, el oficio también convive de cerca con la pérdida. En uno de los tramos más desgarradores, recordó un grave accidente de camiones en el que acompañó y le dio conversación hasta el último segundo a un joven llamado Fabián, quien lamentablemente falleció al instante en que lograron liberarlo de la presión de los hierros.

Al ser consultado sobre qué significa arriesgar la vida por los demás día a día, el Jefe de Zapadores dejó un mensaje directo para las nuevas generaciones que evalúan sumarse a la fuerza: “Para ser bombero hay que estar medio loco… pero es lo más lindo que me pasó en la vida”.

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