Un grupo creciente de jóvenes en Argentina asegura identificarse con animales y adopta gestos, movimientos y accesorios para expresar esa vivencia interna, lejos de las etiquetas de tribu urbana.

Usan máscaras, colas, arneses y se mueven en cuatro patas haciendo lo que llaman quadrobics. Son los therians, personas que dicen sentir una conexión profunda con un animal en particular y que, más que disfrazarse, aseguran estar expresando su identidad. En los últimos meses comenzaron a multiplicarse sus juntadas en plazas y parques de distintas ciudades del país.
Lejos de definirse como una tribu urbana tradicional, los therians sostienen que lo que los distingue es su forma de ver el mundo. Muchos se organizan a través de redes sociales, donde comparten consejos, experiencias y pautas de convivencia para que estos espacios sean seguros y libres de agresiones.
Qué significa ser therian
El término proviene de “therianthropy”, usado en comunidades internacionales desde hace décadas. No se trata de creer literalmente que se es un animal, sino de sentirse identificado a nivel interno con rasgos, comportamientos o formas de percibir el entorno propias de una especie, como un lobo, un felino o un ave.
En muchos casos, quienes se reconocen como therians relatan haber vivido esa sensación desde la infancia. Algunos hablan de sueños recurrentes, otros de una afinidad emocional muy fuerte con cierto animal. Varios describen que adoptar orejas, colas o máscaras funciona como un recurso expresivo para hacer visible algo que sienten desde siempre.
Especialistas en salud mental remarcan que estas identidades no están clasificadas como trastornos en los manuales diagnósticos internacionales. Sí señalan la importancia de diferenciar entre una práctica identitaria y cualquier otra dificultad emocional que requiera acompañamiento profesional.
Juntadas, códigos propios y redes sociales
En plazas de Buenos Aires, Córdoba y otras ciudades se repiten escenas similares: grupos de adolescentes y jóvenes adultos se encuentran con máscaras de perro o zorro, colas de peluche y rodilleras para practicar quadrobics. Allí comparten juegos, charlas y sesiones de fotos que luego se replican en TikTok, Instagram y Discord.
Esos espacios tienen reglas claras: se desalientan los insultos, el contacto físico sin consentimiento y la difusión de datos personales. También se insiste en que la asistencia debe ser voluntaria y respetuosa, y que nadie está obligado a mostrarse con accesorios si no se siente cómodo.
El crecimiento de la comunidad local también generó controversias y burlas en redes. Ante esto, muchos therians responden con campañas de explicación básica sobre qué significa su identidad y piden que se los trate con el mismo respeto que a cualquier otra expresión juvenil o forma de diversidad.
Diversidad, límites y mirada social
La expansión de esta comunidad se da en paralelo a otros debates sobre identidades no convencionales. Docentes y especialistas en juventudes advierten que, más allá de coincidencias o desacuerdos, resulta clave evitar la estigmatización y el acoso, especialmente en contextos escolares.
En la práctica, muchas familias se enfrentan por primera vez al fenómeno y consultan cómo acompañar. Las recomendaciones habituales apuntan a escuchar, dialogar y, si hay señales de malestar, recurrir a profesionales de la salud mental con perspectiva de diversidad y enfoque respetuoso.
Mientras tanto, las juntadas therians siguen creciendo y reabren una discusión más amplia: hasta dónde llegan los márgenes de la expresión personal y cómo construir sociedades capaces de convivir con identidades que rompen los moldes tradicionales.




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