Por qué las empresas ya no pelean contra el fútbol

Reuniones que se adelantan, televisores que aparecen en salas de descanso y jefes que reorganizan la jornada laboral. Cada Copa del Mundo modifica la rutina de millones de trabajadores y lejos de combatir ese fenómeno, cada vez más empresas optan por adaptarse. Qué dicen ciertos estudios sobre el impacto del fútbol en el trabajo y el ánimo de las personas.

Hay escenas que se repiten cada cuatro años. Una reunión que cambia de horario porque juega la Selección, un jefe que pregunta a qué hora empieza el partido, un televisor que aparece en la sala de reuniones. Compañeros que habitualmente apenas intercambian un saludo y, de repente, debaten una formación, un cambio o un penal.

El Mundial no solo transforma estadios, también cambia la dinámica de millones de oficinas.

Lejos quedaron los tiempos en que muchas empresas intentaban ignorar el calendario mundialista o prohibían seguir los partidos durante la jornada laboral. Hoy, la tendencia parece ser otra: aceptar que la Copa del Mundo altera la rutina y aprovechar ese fenómeno para fortalecer el clima de trabajo.

Cuando el fútbol entra a la oficina

La escena se repite en empresas de todo el mundo. Algunas adelantan reuniones para evitar que coincidan con los partidos más convocantes. Otras instalan pantallas en espacios comunes, organizan desayunos o almuerzos para seguir a la Selección e incluso flexibilizan horarios cuando juega el equipo nacional. La lógica detrás de estas decisiones es sencilla: competir contra un Mundial suele ser una batalla perdida.

Cada Copa del Mundo concentra la atención de miles de millones de personas y genera conversaciones que atraviesan oficinas, fábricas, comercios y organismos públicos. Ignorar ese fenómeno no solo resulta difícil, sino que puede terminar afectando el clima laboral.

Lo que dice la ciencia

La influencia del fútbol sobre el trabajo no es solo una percepción. Desde hace años, investigadores en psicología, economía y comportamiento organizacional analizan cómo los grandes eventos deportivos impactan en las personas.

Diversos estudios internacionales observaron que las victorias de las selecciones nacionales generan mejoras temporales en el bienestar subjetivo y en el estado de ánimo de la población. La explicación está relacionada con el fortalecimiento del sentido de pertenencia y la identidad colectiva que despiertan este tipo de competencias.

En paralelo, investigaciones sobre comportamiento en las organizaciones muestran que durante eventos como un Mundial cambian las dinámicas dentro de los equipos de trabajo. Aumentan las conversaciones informales, se fortalecen los vínculos entre compañeros y aparecen espacios de interacción que normalmente no forman parte de la rutina laboral.

El efecto sobre la productividad, en tanto, es más complejo de lo que suele creerse.

Si bien durante un partido puede disminuir la concentración o postergarse alguna tarea, distintos especialistas sostienen que esos momentos de distensión también pueden favorecer la motivación y mejorar el clima organizacional, especialmente cuando las empresas acompañan el fenómeno en lugar de intentar reprimirlo.

Hay pocos acontecimientos capaces de romper, aunque sea por un rato, las barreras que existen dentro de una organización. El fútbol funciona como un lenguaje compartido que, al menos durante unas semanas, atraviesa edades, cargos y profesiones.

Los especialistas en psicología social explican este fenómeno a partir del concepto de identidad compartida: cuando un grupo siente que forma parte de un mismo proyecto -en este caso, alentar a una selección nacional- se fortalecen los lazos y aumenta la cooperación entre sus integrantes.

Por qué las empresas ya no pelean contra el fútbol

El Mundial modifica horarios de trabajo, cambia la programación de reuniones, altera el funcionamiento del transporte, llena bares y restaurantes y hasta influye en decisiones gubernamentales, como ocurrió recientemente en Ecuador, donde el presidente Daniel Noboa decretó un feriado tras la victoria de la selección sobre Alemania.

Ese episodio volvió a demostrar que el impacto del fútbol trasciende ampliamente lo deportivo. Y las empresas parecen haber tomado nota.

En lugar de pelear contra un fenómeno imposible de ignorar, cada vez son más las que optan por incorporarlo a la jornada laboral, entendiendo que una pantalla encendida durante noventa minutos puede aportar algo más que entretenimiento.

Puede convertirse en un espacio de encuentro, fortalecer vínculos y recordar que, incluso en medio de la rutina, todavía existen acontecimientos capaces de hacer que toda una oficina mire hacia el mismo lugar al mismo tiempo.

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