¿Por qué cuesta concentrarse? Qué dice la ciencia sobre una sensación cada vez más común

Leés varias páginas de un libro y, al terminar, te das cuenta de que no te acordás casi nada. Entrás a una habitación y te olvidás qué ibas a buscar. Empezás a responder un mensaje, aparece una notificación y, minutos después, estás mirando otra aplicación sin saber cómo. Por qué cuesta concentrarse y qué dice la ciencia al respecto.

Si alguna vez te preguntaste “¿por qué me cuesta concentrarme?”, no sos el único. En los últimos años, distintos estudios científicos comenzaron a analizar por qué muchas personas sienten que mantener la atención durante varios minutos resulta más difícil que antes. Aunque los hábitos digitales ocupan un lugar importante en ese debate, los especialistas coinciden en que no existe una única explicación.

La capacidad de concentrarse depende de procesos cognitivos complejos. El cerebro selecciona constantemente qué información considera relevante y cuál descarta. Sin embargo, el contexto actual expone a las personas a un volumen de estímulos muy superior al de décadas atrás.

Notificaciones, mensajes, redes sociales, correos electrónicos y múltiples pantallas conviven con las tareas cotidianas y generan interrupciones frecuentes. Cada cambio de foco obliga al cerebro a reorganizar la atención, un proceso que, repetido muchas veces durante el día, puede hacer que las personas perciban una mayor dificultad para mantenerse concentradas.

La atención no desapareció, pero compite con más estímulos

Lejos de ofrecer una respuesta única, las investigaciones muestran que la atención está influida por una combinación de factores.

Una revisión científica publicada en Children and Youth Services Review, que analizó decenas de estudios sobre el uso recreativo de pantallas, encontró una asociación consistente entre el uso intensivo de dispositivos digitales, la multitarea con redes sociales y mayores dificultades para mantener la concentración. Los autores, sin embargo, advierten que esa relación es compleja y que todavía no puede afirmarse que exista una causa única, ya que también intervienen variables como el sueño, el contexto social y los hábitos personales.

En la misma línea, un metaanálisis publicado en Acta Psychologica concluyó que el uso frecuente del smartphone presenta una asociación negativa -aunque de magnitud pequeña- con el rendimiento académico. El trabajo también señala que la multitarea y el uso del teléfono durante actividades que requieren atención sostenida muestran los efectos más marcados.

Otra revisión de experimentos sobre aprendizaje observó que las distracciones provocadas por el teléfono móvil reducen el recuerdo inmediato de la información y afectan el rendimiento cuando las personas alternan constantemente entre la tarea principal y el dispositivo.

¿El problema es el celular?

Los especialistas prefieren evitar esa conclusión.

Si bien los celulares facilitan interrupciones constantes, la evidencia disponible indica que el fenómeno es más amplio. La calidad del sueño, el estrés, la ansiedad, la carga laboral, la falta de pausas y la costumbre de realizar varias actividades al mismo tiempo también influyen en la capacidad de atención.

Incluso algunos investigadores sostienen que el desafío no pasa únicamente por el tiempo frente a la pantalla, sino por la frecuencia con la que se interrumpe una tarea para revisar el teléfono o cambiar de actividad. Esas pequeñas interrupciones pueden fragmentar el proceso de concentración y hacer que retomar el foco demande un esfuerzo adicional.

Responder un mensaje mientras se trabaja, escuchar un podcast mientras se revisan las redes sociales o mirar una serie con el celular en la mano son ejemplos cotidianos de multitarea.

Aunque muchas personas creen que pueden hacer varias cosas al mismo tiempo, numerosos estudios en psicología cognitiva sostienen que, en realidad, el cerebro alterna rápidamente entre una tarea y otra. Ese cambio permanente consume recursos cognitivos y puede disminuir tanto la calidad del trabajo como la capacidad para recordar información.

¿Se puede entrenar la atención?

La buena noticia es que la atención no es una capacidad fija. Los especialistas explican que puede fortalecerse mediante hábitos que reduzcan las interrupciones y favorezcan la concentración sostenida. Entre las recomendaciones más frecuentes aparecen silenciar notificaciones innecesarias, realizar una tarea por vez, establecer momentos específicos para revisar el celular, respetar los horarios de descanso y dormir lo suficiente.

No se trata de abandonar la tecnología, sino de utilizarla de manera más consciente y evitar que las interrupciones permanentes se conviertan en la norma.

La sensación de que concentrarse resulta más difícil es compartida por muchas personas, pero la investigación científica aún busca comprender hasta qué punto los cambios tecnológicos, los nuevos hábitos de consumo de información y las condiciones de vida actuales están modificando nuestra forma de prestar atención.

Por ahora, la evidencia coincide en un punto: mantener la concentración depende de múltiples factores y no puede explicarse por una sola causa. En un entorno donde las distracciones son constantes, aprender a proteger los momentos de atención sostenida aparece como uno de los grandes desafíos de la vida cotidiana.

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