La lectura y escritura se construyen día a día, mucho antes de la primaria y mucho después de aprender las primeras letras. Con algunas rutinas simples, las familias pueden hacer una gran diferencia en cómo los chicos se vinculan con los libros y el lenguaje.

Construir el hábito desde la vida cotidiana
La alfabetización empieza con acciones muy simples: contar lo que pasa en el día, nombrar objetos de la casa y hacer preguntas abiertas para que los chicos se expresen. Estas charlas fortalecen el desarrollo del lenguaje y preparan el terreno para leer y escribir.
Leer en voz alta todos los días, aunque sea unos minutos, ayuda a que los chicos asocien los libros con un momento de disfrute y calma. No hace falta seguir un programa complejo: lo importante es la constancia y que el adulto también muestre interés.
10 ideas para acompañar la lectura y escritura
En casa, las familias pueden sumar pequeñas estrategias que potencian la lectura y escritura sin convertirlas en una obligación escolar.
- Conversar todos los días sobre lo que hicieron en la escuela.
- Dejar libros y revistas al alcance de los chicos.
- Leer cuentos antes de dormir y comentar las imágenes.
- Invitarlos a escribir listas, notas o carteles familiares.
- Jugar con rimas, adivinanzas y canciones.
- Respetar el ritmo de cada chico, sin presionarlo.
- Valorar cada intento de lectura, aunque haya errores.
- Compartir la lectura de carteles en la calle o en el colectivo.
- Aprovechar materiales gratuitos de escuelas y bibliotecas.
- Acompañar las tareas escolares, pero sin hacerlas por ellos.
Con estas acciones constantes, el hogar se convierte en un espacio clave para que los chicos se apropien de la palabra escrita y disfruten de leer y escribir.





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