Sergio Dalmasso es la segunda generación de calesiteros y fabricante de calesitas. Titular de varios carruseles en la ciudad, entre ellos el del Parque a la Bandera, continúa un legado familiar que comenzó su abuelo hace más de 70 años.
Hoy la actividad de los calesiteros en Rosario está en riesgo: apenas quedan unas nueve calesitas en pie y funcionan solo los fines de semana. Por eso, los dueños históricos de calesitas buscan impulsar un plan para resguardar esta tradición rosarina. La familia Dalmasso tiene seis carruseles en Rosario, uno en Funes y otro en Granadero Baigorria.
Parques como Independencia, plaza San Martín o el parque Alem todavía conservan su tradición firme. Pero muchas otras ya quedaron en el recuerdo o directamente en ruinas.
Y no es solo una postal vintage para nostálgicos. Las calesitas siempre fueron el plan barato de las familias rosarinas: ese lugar donde por unas vueltas cualquier chico podía ser jinete, piloto o princesa.
Una tradición que resiste los cambios de la época
“El costo es muy alto, la inversión es muy grande. Hoy las edades se han reducido mucho. Antes los chicos de hasta 15 años iban a la calesita, hoy solo van los de 6 o 7, ahí ya perdimos una cantidad de público”, explicó Dalmasso.
El problema es que hoy la competencia es otra. Con menos chicos eligiendo la calesita frente a las pantallas, los calesiteros enfrentan un desafío más grande: sostener la rueda cuando lo viejo compite con lo nuevo.

La vida de barrio cambió. Las plazas se llenaron de otras actividades y para muchos ya no es parada obligada la tarde del domingo ir a buscar la sortija. A eso se le suma lo que cuentan los propios calesiteros: mantenerlas se puso caro. Piezas viejas, electricidad, habilitaciones. Todo lo que implica darle vida y color a cada ronda cuesta cada vez más.
El desafío para los próximos años es claro: que no queden como una foto vieja. El pedido es que la calesita siga siendo un plan bien rosarino y vigente. Pensar juntos cómo hacer para que siga siendo ese punto de encuentro, de juego, música y color que Rosario necesita.
La idea que propone Dalmasso es la de contar con el apoyo municipal para rodear a las calesitas de puntos de venta de café o helados para atraer público. Así, las familias se acercan nuevamente a este entretenimiento clásico mientras aprovechan nuevos espacios de esparcimiento.
“Esto es algo que lo tenés que llevar en el alma, de chiquito y te tiene que gustar. Es un rubro hermoso, no tenés problemas con la gente, todos van a divertirse”, cerró Sergio, que se dedica a la fabricación y venta de calesitas desde hace décadas.




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