La carne vuelve a subir en medio del impulso exportador a EE.UU.

Mientras los bolsillos sienten el impacto de la inflación y baja el consumo en las carnicerías, el precio de la carne vuelve a ubicarse en el centro de la agenda económica por una nueva suba y por las decisiones del Gobierno en materia de exportaciones.

Operarios trabajando en un frigorífico con cortes de carne vacuna colgados

Imagen: Ámbito

En este contexto, el acuerdo bilateral que habilita y amplía el cupo de exportación de carne argentina a Estados Unidos se convirtió en una pieza clave de la estrategia oficial para sumar divisas, pero también en motivo de preocupación por su posible traslado a los precios internos.

En los últimos meses, la carne vacuna tuvo incrementos muy por encima del promedio general de la inflación. Distintos relevamientos privados ubican las subas anuales en torno al 250% interanual, con fuertes variaciones entre cortes económicos y de mayor calidad.

La consecuencia directa es una marcada caída del consumo interno. El tradicional asado de los fines de semana se volvió un lujo para muchas familias y se observa un corrimiento hacia cortes más baratos, carne de cerdo o pollo, o bien una reducción de porciones.

Según datos del sector frigorífico, el consumo per cápita de carne vacuna se ubica hoy en niveles históricamente bajos, por debajo de los 50 kilos anuales, cuando décadas atrás superaba holgadamente los 70 kilos por habitante.

El convenio con la administración de Estados Unidos, sellado en tiempos de Donald Trump y luego prorrogado, amplía la cuota de ingreso de carne argentina con arancel preferencial. Para las empresas exportadoras, se trata de una oportunidad para ganar presencia en un mercado exigente y de alto poder adquisitivo.

Productores y frigoríficos sostienen que, si se consolida, la medida permitirá mejorar la rentabilidad del sector, impulsar inversiones en infraestructura frigorífica y sostener el nivel de empleo en las regiones ganaderas.

Además, el acceso estable al mercado estadounidense suele funcionar como una “credencial sanitaria” que abre puertas en otros destinos premium, lo que podría diversificar las ventas externas y reducir la dependencia de mercados concentrados como China.

Del otro lado, organizaciones de consumidores y algunos especialistas advierten que una mayor orientación exportadora puede presionar aún más sobre los precios internos, en un contexto de salarios retrasados y pérdida del poder adquisitivo.

En el plano político, el tema vuelve a poner sobre la mesa la histórica tensión entre campo, industria frigorífica y consumidores urbanos. Mientras el Gobierno insiste en que la apertura comercial es clave para la recuperación económica, la oposición y entidades de defensa del consumidor piden evaluar el impacto social de estas decisiones.

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