Más de dos décadas después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, las autoridades lograron identificar a otra víctima gracias a un avanzado método de genealogía genética que combina distintas pruebas de ADN.

Según informaron los equipos forenses que trabajan en la identificación de las víctimas, el nuevo procedimiento permitió analizar restos muy degradados y vincularlos con familiares vivos mediante árboles genealógicos elaborados a partir de ADN.
El uso de la genealogía genética se convirtió en una herramienta clave para avanzar en casos complejos, donde las técnicas tradicionales ya no ofrecen resultados concluyentes. En este caso, se combinaron perfiles genéticos con bases de datos y la colaboración de parientes lejanos.
Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, las autoridades de Estados Unidos mantienen un trabajo sostenido para poner nombre y apellido a cada una de las personas que murieron en el derrumbe de las Torres Gemelas y en los otros ataques coordinados.
Los especialistas remarcan que estos avances tecnológicos no solo aportan precisión científica, sino que también tienen un fuerte impacto humano: permiten que las familias cierren un largo proceso de duelo y cuenten con un reconocimiento oficial del destino de sus seres queridos.
Un avance científico al servicio de las familias
Las técnicas de genealogía genética se aplican cada vez más en investigaciones forenses alrededor del mundo. Combinan el análisis de ADN con reconstrucciones familiares y requieren la participación voluntaria de personas que aportan sus muestras para cruzar información.
En hechos de gran magnitud como el 11 de septiembre, estos desarrollos abren la posibilidad de seguir identificando víctimas muchos años después, y refuerzan el compromiso de las autoridades con la memoria y la verdad.




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