Francia vuelve a blindar sus calles con un fuerte despliegue de seguridad ante una nueva jornada de protestas por el alto costo de vida, mientras el gobierno intenta evitar otra escalada de violencia.
El gobierno de Emmanuel Macron dispuso un operativo especial con unos 70.000 policías y gendarmes en todo el país para contener el tercer sábado consecutivo de marchas contra la pérdida de poder adquisitivo.
Las autoridades anticipan posibles disturbios en París y otras grandes ciudades, donde se reforzaron las zonas comerciales y se determinó el cierre anticipado de varios locales.
En algunos municipios se aplican toques de queda parciales y restricciones al transporte público, con el objetivo de limitar los desplazamientos nocturnos y evitar saqueos o ataques a edificios públicos.
Los comercios en los principales corredores urbanos amanecieron con persianas bajas y vidrieras protegidas ante el temor a nuevos episodios de violencia, como los registrados en jornadas anteriores.
Presión social y tensión política
Los manifestantes apuntan contra la política económica de Macron y denuncian que el costo de vida se vuelve insostenible por la suba de alimentos, energía y alquileres.
Mientras tanto, el Ejecutivo insiste en que las reformas en marcha son necesarias para estabilizar las cuentas públicas y contener la inflación, en un clima social cada vez más tenso.