Según un informe de la Universidad Austral y REDIFAM, en Argentina, la natalidad cae y la longevidad crece a niveles históricos.

Un informe reciente de la Universidad Austral (UA) y de la Red de Institutos Universitarios Latinoamericanos de Familia (REDIFAM) encendió las alarmas sobre un cambio profundo en la estructura demográfica de Argentina. Según el documento, la natalidad cae, pero la longevidad crece a niveles históricos. Es decir que cada vez nacen menos bebés y las personas mayores viven más. Esta tendencia, sostenida y silenciosa, marca el inicio de una transformación sin precedentes para la sociedad argentina.
En el marco del Día Mundial de la Población, que se celebró el 11 de julio, el informe reveló que la tasa global de fecundidad en Argentina cayó a 1,4 hijos por mujer. La cifra está muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1). A su vez, la tasa bruta de natalidad bajó a 9,9 nacimientos por cada 1.000 habitantes, ubicando al país entre los más bajos de la región.
En una década -entre 2014 y 2024- los nacimientos anuales descendieron de 777.000 a 425.000. Según el informe, esto genera consecuencias concretas: menos chicos en las escuelas, menos demanda en jardines y una reorganización de servicios públicos que hasta ahora estaban pensados para una sociedad joven.
Las dos caras del fenómeno
Este fenómeno no se distribuye de manera uniforme. En el norte argentino (Misiones, Formosa, Chaco), las tasas de natalidad se mantienen relativamente altas debido a estructuras familiares más tradicionales, menor acceso a salud reproductiva, mayor incidencia de embarazos adolescentes y menores niveles de escolarización.
En cambio, en la Patagonia y en grandes centros urbanos como CABA, la fecundidad cayó en picada. Tierra del Fuego, Chubut y Santa Cruz registran promedios de apenas 1 a 1,1 hijos por mujer, cifras que no solo están por debajo del reemplazo, sino que se encuentran entre las más bajas de América Latina.
Del otro lado aparece el aumento sostenido de la esperanza de vida. Argentina avanza hacia una sociedad con una población activa cada vez más reducida y una proporción creciente de adultos mayores. Este cambio impacta directamente en el sistema previsional, que se financia con los aportes de los trabajadores, y también en los sistemas de salud y de cuidados, cada vez más exigidos.
“El país ya no es joven, y eso exige políticas públicas firmes e integrales“, advirtió Lorena Bolzon, presidenta de REDIFAM y decana del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. “Debemos repensar el sistema de salud, el laboral, el de previsión social y el modelo de cuidados familiares”.
En Argentina, la natalidad cae y la longevidad crece
La caída de la natalidad en Argentina no es una moda ni un fenómeno pasajero. Es el resultado de múltiples factores:
- Cambios culturales y en los modelos de familia
- Avances en derechos sexuales y reproductivos
- Mayor acceso a educación y métodos anticonceptivos
- Pero también de incertidumbre económica, falta de oportunidades y desigualdades persistentes
Pensar una nueva política demográfica no implica controlar cuántos hijos debe tener una persona, sino comprender que detrás de esa decisión hay realidades sociales, económicas y culturales complejas.
El cambio en la estructura poblacional se refleja incluso en el diseño urbano: ya no se planifican ciudades para niños, sino para personas mayores. Esto implica adaptar los espacios, los servicios de salud, la movilidad y la oferta laboral para una Argentina que envejece y que, por ahora, no encuentra un equilibrio entre nacimientos y longevidad.




Comentarios