Este jueves mantuvimos comunicación con Leticia Leites, la santafesina que se volvió viral tras adquirir una vivienda prefabricada importada desde China. Contó como fue la compra y el tiempo que tardó en llegar y armar.
En un contexto donde cumplir el sueño de la casa propia se vuelve una misión cada vez más compleja, la creatividad y la audacia a menudo abren caminos impensados. Este es el caso de Leticia Leites y su familia, oriundos de la provincia de Santa Fe, quienes tras recibir la noticia de que debían dejar el inmueble que alquilaban, decidieron resolver su situación habitacional con un solo clic: compraron una casa modular plegable directamente a China.
Una carrera contra el reloj del alquiler
En entrevista con Rosario La Ciudad, Leticia contó como llegaron a tomar la decisión: “alquilábamos y la propietaria nos avisó que iban a vender la casa, así que teníamos seis meses para resolver la situación”, relató Leticia.
Tras encontrarse con un mercado inmobiliario local escaso y caro, y descartar la construcción tradicional por cuestiones de tiempo y presupuesto, su marido comenzó a investigar opciones en la web hasta dar con una fábrica asiática.
A diferencia de una compra online común, esta apuesta a gran escala superó todas las expectativas de la familia.
700 dólares el metro cuadrado y calidad premium
La vivienda en cuestión cuenta con 72 metros cuadrados distribuidos en tres habitaciones, cocina y baño completo. Al hacer las cuentas, la diferencia económica resultó abismal: mientras que el metro cuadrado de construcción tradicional o de estructuras modulares locales superaba los 1.100 dólares, la opción importada costó cerca de 700 dólares el metro cuadrado, incluyendo la base.
“Cuando ves las aberturas, los pisos y todo, te das cuenta de que no escatiman, la calidad es muy buena”, detalló la propietaria, destacando detalles de categoría como aberturas con doble vidrio hermético (DVH), grifería de diseño en color negro y sistema push to open en el amoblamiento de cocina.
El proceso completo demoró apenas cuatro meses. Durante el primer mes, la familia interactuó con los fabricantes chinos para personalizar el diseño base, elegir acabados y mejorar la calidad de los materiales. Tras un mes de fabricación y dos de viaje en barco, la casa llegó al puerto metida literalmente dentro de un contenedor estándar.
El verdadero espectáculo comenzó el día de la entrega. Al ser los primeros en la zona en adquirir este tipo de vivienda, no había mano de obra especializada, por lo que recurrieron a un método cooperativo e improvisado: manual de instrucciones en mano —el cual requirió traducción y dejó anécdotas como descifrar qué era el “tornillo de la felicidad”— convocaron a tíos, hermanos y amigos para desplegar la estructura.
La vivienda viene plegada de fábrica; mediante grúas y herramientas pesadas (provistas por un amigo que arma escenarios), se van abriendo el techo, el piso y las paredes articuladas.
Posteriormente, la familia dedicó unas semanas más a los detalles finales, como colocar zócalos, sellar uniones y realizar las conexiones de agua y desagües al exterior.

Licenciada en Comunicación Social. Universidad Nacional de La Rioja (2016). Especializada en Periodismo y Comunicación Digital ETER (Escuela de Comunicación). Contacto: gisellefloresrosario@gmail.com | Instagram: @giselleflores06.




Comentarios