La ciudad bonaerense de Rojas vuelve a conmocionarse tras la muerte de Nerina Moyano, una joven de 25 años que años atrás había quedado marcada por la represión en una protesta para exigir justicia por el femicidio de Úrsula Bahillo.

Imagen: Clarín
Nerina Moyano tenía 25 años, un hijo de 8 y una historia atravesada por la violencia institucional y de género. Murió el sábado a la noche en Rojas, tras un siniestro vial ocurrido cuando circulaba en moto sin casco y fue embestida por un auto frente a la plaza Moreno, en pleno centro de la ciudad.
Según reconstruyeron medios locales, el impacto se produjo en una zona muy transitada y la joven sufrió heridas gravísimas. Pese a los intentos médicos, no logró sobrevivir. La noticia generó una profunda consternación entre familiares, amigos y vecinos que la conocían por su compromiso en reclamos por justicia.
De las marchas por Úrsula a otra tragedia en Rojas
El nombre de Nerina se hizo conocido en febrero de 2021, tras el femicidio de Úrsula Bahillo, también en Rojas. Aquella vez, cientos de personas se movilizaron hasta la comisaría local para denunciar la inacción policial y judicial frente a las denuncias que la joven había presentado contra su exnovio, un policía bonaerense.
En esa manifestación, de fuerte tensión con las fuerzas de seguridad, Nerina recibió un balazo de goma en un ojo. La represión a los vecinos fue repudiada por organizaciones de derechos humanos y colectivos feministas, que denunciaron el uso desmedido de la fuerza contra quienes pedían respuestas del Estado.
A partir de entonces, Nerina quedó asociada al reclamo por Ni Una Menos en la ciudad. Participó de actividades, acompañó a la familia de Úrsula y se convirtió en una de las voces que señalaban la responsabilidad institucional en la cadena de fallas que terminó con aquel femicidio.
El dolor de la familia y los mensajes de despedida
Tras conocerse su muerte, las redes sociales se llenaron de mensajes de despedida. Su mamá, Adriana Rodríguez, publicó un texto que resume la dimensión del dolor: “Mándame fuerzas de donde sea que estés para poder seguir adelante”, escribió, junto a fotos de su hija.
Amigas, vecinos y militantes feministas de la zona recordaron a Nerina como una mujer “de carácter fuerte”, “solidaria” y dispuesta a acompañar a otras mujeres en situaciones de violencia. También subrayaron que su vida estuvo marcada por la precariedad y la falta de respuestas estatales, tanto en materia de seguridad como de contención social.
El caso vuelve a poner en foco la realidad de muchas ciudades del interior bonaerense, donde la violencia de género, la falta de controles viales y la desprotección de jóvenes y madres solteras se entrecruzan en un entramado de vulnerabilidades que suele quedar fuera de la agenda pública.
Seguridad vial y deudas pendientes con la juventud
En Rojas, como en buena parte del país, organizaciones civiles advierten desde hace años sobre la necesidad de reforzar la educación vial, el uso del casco en motos y los controles en zonas céntricas, especialmente de noche. Los siniestros de tránsito siguen siendo una de las principales causas de muerte entre jóvenes.
La muerte de Nerina se suma a una cadena de tragedias que golpean a la comunidad. A la par, colectivos feministas insisten en que el Estado provincial y municipal mantengan políticas activas de prevención de la violencia de género, acompañamiento a víctimas y acceso a la justicia, para que la historia de Úrsula no se repita.
Mientras avanza la investigación para establecer responsabilidades en el choque, familiares y amigos despedirán a la joven exigiendo que su nombre no quede reducido a una estadística más y que su historia sirva para volver a poner en debate las deudas pendientes con las juventudes del interior.




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