Entre colchones en las oficinas, ollas populares improvisadas y turnos de vigilancia nocturna, las familias del frigorífico Euro de Villa Gobernador Gálvez sostienen una toma que ya lleva diez semanas, mientras reclaman salarios adeudados y una salida laboral que les devuelva algo de tranquilidad.
Imagen: Rosario3
Diez semanas viviendo en la fábrica
Los trabajadores del frigorífico Euro no cobran sus salarios desde octubre y, ante el temor a un vaciamiento de la planta, decidieron ocupar las instalaciones de Villa Gobernador Gálvez el pasado 10 de noviembre. Desde entonces, la toma se convirtió en el único modo de resguardar las máquinas y reclamar lo que les deben.
De los 450 operarios que llegó a tener el establecimiento, hoy apenas quedan alrededor de 150 trabajadores activos. Varios aceptaron retiros forzados o se fueron empujados por la crisis. Quienes permanecen sostienen, además, la presencia de sus familias para no dejar sola la planta en ningún momento.
Unas 15 familias se organizan en turnos para pasar la noche dentro del predio. Hay niños que duermen en oficinas donde antes se firmaban remitos y juegan en los pasillos que hace meses no ven pasar mercadería. La fábrica, que fue un polo de empleo regional, hoy funciona como refugio improvisado.
Autodefensa ante robos y miedo a intrusos
La toma no solo tiene que ver con lo laboral. En las últimas semanas, los trabajadores denunciaron robos reiterados y movimientos de desconocidos alrededor del predio. Para evitar la sustracción de equipos y mercadería, armaron cuadrillas para patrullar la fábrica durante toda la noche.
Con linternas, mates y teléfonos a mano, los grupos recorren las cámaras frigoríficas vacías, los playones y los accesos. Temen que, en medio del conflicto, aparezcan intrusos o que se profundice el desguace silencioso de la empresa, algo que ya se vio en otros casos de la industria cárnica en la región.
“Estamos agotados y nos sentimos abandonados”, repiten los operarios al describir el desgaste emocional que implica vivir en alerta constante. No solo reclaman que se regularice la situación salarial, sino también una presencia más firme del Estado para garantizar seguridad alrededor del predio.
Rebusques para comer y un pedido de salida laboral
Sin ingresos desde hace meses, los trabajadores montaron dentro del frigorífico un pequeño lavadero de autos para los vehículos que se acercan hasta la zona. Además, organizan ventas de torta asada y otras comidas para conseguir algo de efectivo que les permita comprar alimentos y medicamentos.
Las familias también reciben donaciones de organizaciones sociales, sindicatos y vecinos de Villa Gobernador Gálvez que se acercan con ropa, alimentos no perecederos y artículos de limpieza. Todo se administra de manera colectiva, con listas y roles definidos, para llegar a fin de semana.
La principal exigencia es clara: cobrar lo adeudado y no quedar en la calle. Los operarios insisten en que cualquier salida debe contemplar la continuidad laboral, ya sea mediante la reactivación de la empresa, un nuevo inversor o algún esquema de gestión que preserve los puestos de trabajo.
Mientras tanto, la vida cotidiana en la planta combina guardias, asambleas, tareas de mantenimiento y juegos de chicos que aprendieron a moverse entre pasillos fríos y oficinas vacías. El cansancio es evidente, pero también la decisión de sostener la toma hasta encontrar una salida que no implique resignar su fuente de ingreso.




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