Alberto Fernández volvió a la agenda pública, denunció persecución mediática y política, defendió sus resultados de gestión y cuestionó con dureza el enfoque de Milei.

Alberto Fernández reapareció en la escena pública y reforzó una defensa que combinó argumentos económicos, aclaraciones personales y fuertes críticas políticas. Además, sostuvo que su gestión enfrentó cuatro crisis simultáneas, lo que, según él, marcó cada decisión. También afirmó que muchos análisis ignoran ese contexto y distorsionan el balance de su mandato.
El exmandatario enumeró indicadores que, a su juicio, muestran avances concretos. Destacó una reducción del desempleo, un ciclo de crecimiento en el consumo y miles de obras públicas en marcha. Sin embargo, reconoció que la inflación permaneció como un problema persistente y señaló que ningún gobierno resuelve un desafío así sin estabilidad externa. Aun así, remarcó que su administración sostuvo programas productivos y educativos que, según él, ampliaron oportunidades.
En el terreno personal, negó rumores que circularon sobre su vida privada y los calificó como fabricaciones sin sustento. También expresó preocupación por el daño que, según él, recibieron mujeres mencionadas en esas versiones. Además, describió ese escenario como un intento de cancelación que buscó desacreditarlo y quebrar su imagen pública.
El exjefe de Estado profundizó sus cuestionamientos hacia Javier Milei y lo definió como un dirigente dogmático. Sostuvo que la idea de que el “mercado resuelve todo” resulta peligrosa y agrava desigualdades. Además, afirmó que entregar la conducción del Estado a esa visión compromete la cohesión social y reduce la protección de los sectores más vulnerables.
También planteó que Sergio Massa representaba una opción más preparada para un contexto crítico y sostuvo que la última campaña no ofreció un debate equilibrado. Finalmente, aclaró que no busca cargos futuros, aunque mantiene su intención de ofrecer su experiencia a quienes la consideren útil.



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