Alarma por el salto de la morosidad y la deuda de los hogares

Un nuevo informe puso en evidencia que cada vez más familias necesitan recurrir al crédito para afrontar gastos básicos, en un contexto de ingresos que no alcanzan y cuentas que se acumulan.

Según el relevamiento, el uso del crédito dejó de estar asociado a proyectos de mediano plazo, como la compra de bienes durables, y pasó a funcionar como una herramienta de subsistencia cotidiana. Tarjetas, préstamos personales y financiaciones en cuotas se utilizan para pagar alimentos, servicios y alquiler.

Este cambio en el perfil del endeudamiento deja a los hogares en una situación de mayor fragilidad, porque una parte importante del ingreso mensual se destina a cancelar deudas previas. Así, se genera un círculo difícil de romper: se toma crédito para llegar a fin de mes y, al mes siguiente, la carga financiera vuelve a presionar.

El informe también advierte un aumento de la morosidad, es decir, de personas y familias que ya no logran cumplir en tiempo y forma con el pago de sus compromisos. El atraso se observa tanto en servicios básicos como en tarjetas de crédito y préstamos bancarios.

Tensión en pymes y caída del ingreso real

El deterioro no solo impacta en los hogares. Las pymes, uno de los principales generadores de empleo, muestran señales de tensión financiera. Muchas empresas recurren a líneas de crédito para sostener capital de trabajo, cubrir cheques o cumplir con obligaciones impositivas.

Con ventas que no repuntan y costos en alza, se acota el margen para absorber nuevos aumentos o sostener la plantilla de trabajadores. Este escenario incrementa la incertidumbre y profundiza el riesgo de que se pierdan puestos de trabajo, lo que a su vez repercute sobre el poder de compra de las familias.

La caída del ingreso real aparece como un factor central: aunque en algunos sectores se cierran acuerdos salariales, la inflación acumulada erosiona rápidamente cualquier mejora. El resultado es una pérdida persistente del poder adquisitivo que presiona a la baja el consumo interno.

Más vulnerabilidad social y horizonte incierto

El informe subraya que el aumento del endeudamiento y la morosidad no es solo un dato financiero, sino también un indicador de fragilidad social. Crece el número de hogares que ven limitada su capacidad para afrontar imprevistos, ahorrar o proyectar a futuro.

En este contexto, los especialistas apuntan que las políticas públicas de contención y la recomposición de ingresos resultan claves para evitar que más familias caigan por debajo de la línea de pobreza o profundicen su nivel de endeudamiento. Mientras tanto, el crédito sigue funcionando como un parche que permite sostener el consumo básico, pero a costa de un mayor riesgo financiero hacia adelante.

La combinación de deuda creciente, salarios golpeados y actividad económica débil configura un escenario delicado que obliga a mirar de cerca la evolución de la morosidad en los próximos meses, tanto en familias como en pequeñas y medianas empresas.

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