La Municipalidad de Rosario dio el puntapié inicial para una renovación profunda de la costanera central, un proyecto que el intendente Pablo Javkin considera clave para transformar el uso del espacio público sobre el río Paraná, en medio de debates por los nuevos atractivos previstos.

El proyecto de renovación de la costanera tuvo su primer gesto concreto con la demolición del histórico bar Mordisco, ubicado frente al río. Desde el Ejecutivo municipal sostienen que se trata de una intervención de gran impacto urbano, pensada para reordenar la zona y potenciarla como paseo público.
Pablo Javkin salió a explicar los alcances de la obra y se detuvo en una de las polémicas que se disparó en redes sociales y en el debate político: la incorporación de toboganes y juegos de agua. Lejos de las comparaciones con complejos temáticos, el intendente aclaró que no se trata de un parque pago ni de un emprendimiento privado.
El intendente aseguró que “no es un parque acuático al estilo Disney” al referirse al diseño de los nuevos espacios recreativos sobre la costa. Según detalló, la intención es sumar equipamiento lúdico y sectores con agua para el uso de las familias, aprovechando la cercanía con el río, pero manteniendo el carácter abierto y público del lugar.
Una transformación urbanística sobre el río
Desde la Municipalidad destacan que la intervención cambiará de manera significativa la fisonomía de la costanera. La eliminación de estructuras cerradas busca ganar visuales hacia el Paraná, abrir nuevas circulaciones peatonales y ordenar la convivencia entre peatones, ciclistas y vehículos.
La obra se enmarca en una agenda más amplia de remodelación de espacios públicos estratégicos, con el objetivo de reforzar la presencia del Estado en áreas muy concurridas por vecinos y turistas. En ese sentido, la costanera es uno de los principales paseos de Rosario y suele concentrar actividades deportivas, recreativas y gastronómicas.
Javkin insistió en que los toboganes y juegos de agua son un complemento y no el eje del proyecto. “Es un atractivo para que vaya más gente”, señaló, en referencia a la intención de sumar propuestas gratuitas para las infancias y los jóvenes, sin desplazar otros usos tradicionales del paseo costero.
La discusión sobre el destino de la costa rosarina viene de larga data, atravesada por reclamos por mayor acceso al río, debates sobre concesiones privadas y definiciones sobre el rol del Estado en el frente ribereño. La intervención actual vuelve a poner estos temas sobre la mesa y genera expectativas en comerciantes, deportistas y residentes de la zona.
En paralelo, la gestión municipal asegura que la obra respetará el entorno y que se avanzará por etapas, con el objetivo de minimizar el impacto sobre las actividades cotidianas. A medida que se concreten las demoliciones y nuevas construcciones, se espera que la costanera adopte una imagen más abierta, moderna y enfocada en el uso comunitario.




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