Argentina cayó 11 puestos en el ranking global de libertad de prensa

La posición de la Argentina en el índice mundial de libertad de prensa sufrió un marcado deterioro y encendió alarmas entre organizaciones periodísticas y referentes del sector.

La Argentina descendió del puesto 87 al 98 en el último ranking mundial de libertad de prensa, elaborado por organizaciones especializadas que monitorean el trabajo de los medios y el clima para el ejercicio del periodismo. El informe da cuenta de un fuerte retroceso en comparación con mediciones anteriores.

El nuevo lugar en la tabla refleja un contexto más adverso para la actividad periodística, con mayores tensiones entre el poder político y los medios de comunicación, y un aumento de episodios de estigmatización y deslegitimación pública hacia trabajadores de prensa.

El contexto de confrontación con Javier Milei

La difusión de este resultado se produce en medio de un fuerte conflicto entre el presidente Javier Milei y diversos periodistas y medios argentinos. En los últimos meses se multiplicaron los cruces públicos, críticas directas desde las redes sociales y cuestionamientos a la labor de la prensa.

Ese clima de confrontación es uno de los elementos que, según especialistas, alimenta la percepción de deterioro en las condiciones para ejercer el periodismo, junto con la presión económica que atraviesan numerosas redacciones y la concentración de audiencias en pocas plataformas.

Desde asociaciones de periodistas y organizaciones defensoras de la libertad de expresión se insiste en que las críticas a los medios no deben derivar en discursos que busquen descalificar o amedrentar a comunicadores, ya que eso impacta de forma directa en la calidad del debate público.

Qué implica caer al puesto 98

La caída de 11 lugares implica que la Argentina queda ubicada detrás de países que históricamente mostraban más restricciones para la prensa. El ranking pondera, entre otros factores, el marco legal para la libertad de expresión, la seguridad de las y los periodistas, las presiones políticas y económicas, y el nivel de pluralismo informativo.

Las organizaciones que siguen de cerca estos indicadores advierten que los retrocesos no suelen ser coyunturales y que, si no se revierten las condiciones que los originan, pueden consolidarse en el mediano plazo. Por eso, señalan la necesidad de garantizar un clima de mayor respeto y protección hacia el trabajo periodístico.

También remarcan que el deterioro de la libertad de prensa no sólo afecta a las y los periodistas, sino que impacta directamente sobre la ciudadanía, que ve reducidas sus posibilidades de acceder a información diversa y de calidad para tomar decisiones informadas.

En ese marco, se vuelve clave el rol de los medios, las universidades, las organizaciones de la sociedad civil y los propios poderes del Estado para fortalecer las garantías y promover un debate público más plural y menos hostil.

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